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Jorge Sánchez

Chyornye Zemli (por Jorge Sánchez)

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La reserva natural de Chyornye Zemli, que en ruso significa Tierras Negras, se halla en la República de Kalmukia, Rusia. Iba viajando con un pequeño grupo de españoles en un coche. Una vez que dejamos Elista, la capital de la República de Kalmukia, paramos a hacer fotos en un lago rosado y luego proseguimos por la estepa donde pronto vimos el letrero que mostraba la ruta hacia el Santuario de Vida Salvaje Nacional Mekletinsky, dentro de Chyornye Zemli, y nos adentramos en él. Pocos kilómetros más adelante encontramos mojones con letreros donde se anunciaba en ruso los animales que podríamos contemplar, siendo el principal de ellos el Antílope Estupefacto, o Saiga, el objeto de nuestro viaje. Ya nos encontrábamos en la Reserva de la Biosfera de las Tierras Negras.

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Tuvimos suerte de ver Saigas en cuatro ocasiones, la primera vez un macho, a continuación una hembra con su pequeño, y poco después dos grupos de 4 Saigas, o un total de 11 Saigas. Aparecían y desaparecían tan rápido que no tuvimos tiempo de hacer fotografías. Una vez que llegamos a unas casetas, que eran las moradas de los guardianes, nos pidieron identificarnos y mostrarles el permiso para visitar ese Parque, y como carecíamos de él (tampoco sabíamos que se debía solicitar una autorización de antemano), nos retuvieron un buen rato, más de una hora, tiempo en el que nos sirvieron café con buñuelos y unos bollos de nata. Pasaron los datos de nuestros pasaportes a la Oficina Principal, en un pueblo cercano, para pedir instrucciones sobre qué hacer con nosotros. El miedo que tenían era que fuéramos cazadores furtivos pues los cuernos del Saiga, animal en peligro de extinción, se cotizan a un alto precio a los compradores chinos, quienes los trituran para preparar una pócima estimulante para alcanzar una potencia viril muy intensa y duradera.

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Los antílopes Saigas tienen una narizota enorme, colosal, y sus hembras, en su primer parto, dan a luz a gemelos, pero en los posteriores alumbran sólo un ejemplar. Al final el veredicto fue el ayudarnos en nuestra excursión y con este objetivo nos llevaron en una furgoneta de ellos a un lago. Tras situarnos detrás de un parapeto para que los Saigas no nos vieran ni olieran, esperamos a ver si los Saigas bajaban a beber agua, pero tras media hora de espera en vano decidimos marcharnos pues debíamos llegar a un hotel que ya habíamos reservado y pagado en la ciudad de Astrakán (que se pronuncia como Astraján), cerca del mar Caspio, y ya eran las 4 de la tarde. Ellos insistieron en mostrarnos primero el Centro de Interpretación, y nos condujeron a él. Una vez en tal centro, que era como un museo, vimos varios Saiga disecados. El director nos dio valiosas explicaciones sobre ese Parque de la Biosfera Tierras Negras, los animales que allí viven, más acerca de la flora, e incluso restos de vasijas de una antigua civilización que había existido en esa zona desde hacía milenios. Fue una visita muy didáctica. Hacia las 6 de la tarde nos dirigimos a Astrakán, donde llegamos sobre las 10 de la noche. Había sido un día muy intenso.

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