MunDandy

MunDandy

Kirguistán

Duelo de titanes

Bishkek_10

Ambos contrincantes se sitúan en esquinas opuestas del cuadrilátero. Uno tiene aspecto de guerrero, es alto y fuerte, siempre a lomos de su corcel y con probada solvencia en el manejo de la espada. El otro es más bien de baja estatura, con aspecto enfermizo y una demostrada capacidad para convencer y manejar a las masas. En realidad, el físico no importa demasiado en el combate que van a llevar a cabo, más bien enfocado a la gestión de las emociones de un pueblo establecido en ese lugar desde muchas generaciones atrás y del que intentan capitalizar sus sentimientos. Tras un intercambio de miradas feroces entre los contendientes, el árbitro da la orden y el primer asalto está presto a comenzar.

TuuraSuu_37

Los orígenes del pueblo kirguís son inciertos. Al parecer, llegaron a Asia Central procedentes de Siberia a comienzos de la Edad Media, tras la derrota sufrida en una batalla con sus vecinos chinos. De tradición nómada, se establecieron en los alrededores del Tian Shan, sistema montañoso donde aún se encuentran en la actualidad. Por allí podían moverse a su antojo, montando y desmontando con facilidad sus yurtas sin que nadie los molestara en exceso. En la actualidad, se calcula que existen unos cuatro millones de kirguises repartidos en cuarenta tribus, simbolizadas cada una de ellas por un rayo de sol en su bandera nacional, entre los estados de Kirguistán y China.

Bishkek_03

Hablan los kirguises un lenguaje altaico que carece de caracteres propios desde el siglo VIII, cuando se usaba un sistema de escritura denominado yenisei, aunque en la actualidad suele escribirse en cirílico. La comunicación oral es, por consiguiente, el principal medio que se ha venido utilizando para transmitir sus tradiciones de generación en generación. Así es como fundamentalmente ha llegado hasta nuestros días el Manás, poema épico protagonizado por el héroe homónimo, que algunos datan en el siglo XVIII y otros lo sitúan en un periodo muy anterior. Existe también una versión escrita en un manuscrito persa de finales de ese siglo, de la que se asegura que consta de aproximadamente medio millón de líneas.

Bishkek_17

Vivían tranquilos los kirguises en sus montañas cuando, en la segunda mitad del siglo XIX, se convirtieron en objetivo de los afanes expansionistas del Imperio ruso. Peor aún fue cuando llegaron los comunistas soviéticos ya entrado el siglo XX, quienes se encargaron de eliminar casi cualquier vestigio de la rica cultura local con el fin de imponer la incultura propia. Manás y sus hazañas pasaron al olvido y en el corazón del pueblo kirguís comenzó a instalarse la figura del temido dirigente Lenin. Eso a pesar de que fue el odiado Stalin quien creó la República Socialista Soviética de Kirguistán, separándolos de los kazajos, con quienes habían sido obligados a convivir por entonces. Pero la figura del macabro dictador georgiano no acabó de cuajar en esta tierra, mientras que las estatuas del líder bolchevique comenzaron a proliferar por doquier.

Bishkek_20

Por suerte para los tranquilos y afables kirguises no hay mal que cien años dure, aunque la terrible dictadura comunista que sufrieron se acercó bastante a esa cifra. En 1991 recobraron la ansiada libertad y Kirguistán se convirtió en un estado independiente. Poco a poco empezaron a desaparecer las estatuas de Lenin, aunque una enorme existente en la plaza Ala-Too de Bishkek se mantuvo en su sitio durante algunos años más. Hasta que, a comienzos del siglo XXI, cayó en desgracia por fin y fue retirada a la parte trasera del Museo de Historia Nacional. Pocos años después, una gigantesca efigie ecuestre de Manás fue colocada en su lugar. El héroe nacional kirguís había ganado con total solvencia el combate.

LEAVE A RESPONSE

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Quieres estar al tanto de nuestras actualizaciones? Suscríbete