MunDandy

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Andalucía Marruecos

Herencia de al-Andalus

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Aunque el término madrasa refiere en lengua árabe a cualquier tipo de centro donde se imparte una enseñanza, en castellano se utiliza específicamente para denominar a las escuelas religiosas islámicas. También conocida como madraza o medersa, la madrasa suele ser equivalente a un internado donde los alumnos conviven durante un periodo de tiempo generalmente largo, dedicándose a unos estudios que pueden estar relacionados con el Islam o no. En el caso de las escuelas coránicas, las enseñanzas impartidas consisten en el aprendizaje y memorización del Corán, proceso que puede llevar varios años, tras los que se otorga un título llamado hafiz. Si el alumno prefiere ampliar su conocimiento del libro sagrado con estudios sobre la ley, la lengua, la cultura y la Historia islámica, al final de su periplo en la madrasa recibirá el diploma de ulema.

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Parece ser que el origen de las madrasas fue debido en cierta manera a la congregación de los creyentes musulmanes en las mezquitas para ofrecer sus plegarias. En algún momento ciertos fieles, deseosos de ensanchar sus aptitudes religiosas, comenzaron a reunirse en torno a la figura de un sabio, que era conocido como sheikh. Estas sesiones de aprendizaje fueron haciéndose más o menos regulares y el siguiente paso fue constituirlas a modo de escuelas, organización que ha llegado hasta nuestros días. Existen madrasas en todos los países islámicos, y en muchos de ellos estas instituciones realizan una importante labor social acogiendo a huérfanos o gente sin recursos, de manera que puedan recibir una formación que les sea de utilidad y les ayude a prosperar en su vida futura.

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La madrasa más antigua que existe es denominada al-Qarawiyyin y se encuentra situada en la localidad de Fez, donde fue fundada a mediados del siglo IX. Se trata además de la institución estudiantil más antigua que se conoce, bastante anterior a las universidades europeas que comenzaron a surgir algunas centurias después. A pesar de que su importancia histórica es evidente, tanto por sus dimensiones como por su calidad arquitectónica, queda un tanto eclipsada por la medersa Ben Youssef, ubicada en la intrincada medina de Marrakech. Considerada ésta la madrasa más importante de Marruecos, de su fama da idea el hecho de que durante su periodo de esplendor se dice que podía albergar a cerca de mil estudiantes, que llegaban atraídos por la calidad de la enseñanza que en ella se impartía.

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Fundada en el siglo XIV, aunque su aspecto actual se debe a una reconstrucción efectuada a finales del siglo XVI, la medersa Ben Youssef está organizada alrededor de un patio central, donde se localiza una fuente que se usaba para las abluciones diarias de alumnos y profesores. En uno de sus extremos se encuentra una sala que servía tanto para la impartición de enseñanzas como para la oración cotidiana, y en la planta superior se hallan las más de un centenar de habitaciones donde se alojaban los alumnos. Contrasta sobremanera la austeridad de éstas con la exuberancia decorativa que muestran tanto la sala de oración como el patio, decorados mediante azulejos, estuco y madera con motivos ornamentales vegetales, geométricos o compuestos por pasajes del Corán, tal y como es preceptivo en la arquitectura islámica tradicional.

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Si me preguntaran por mi sitio favorito entre las decenas de lugares interesantes con los que disfruté en Marrakech, seguramente elegiría esta construcción de demostrada importancia tanto por motivos históricos como artísticos y culturales. Aparte de quedar extasiado ante su impactante decoración, de admirar su venerable pasado y de apreciar su prestigio en el desarrollo cultural de la ciudad, la medersa Ben Youssef me llegó al corazón por las reminiscencias que me trajo de algunos lugares que marcaron mi infancia viajera. Mientras contemplaba aquel patio, que parece como si lo hubieran extraído tal cual de la Alhambra, me asaltó la idea de que aquella maravilla solo podía ser obra de alarifes andalusíes, nostálgicos de aquella tierra de al-Andalus donde vivieron sus antepasados y deseosos de dejar un legado similar como herencia.

2 COMENTARIOS

    • Marrakech es una ciudad muy interesante, aunque los mismos marroquíes la consideran muy turística. Fez por el contrario mantiene casi intacta la cotidianeidad que debió tener hace siglos. Aún así, Marrakech tiene mucho valor para el viajero occidental, pues muestra un mundo que no tenemos aún asumido.

      Muchas gracias por tu aportación.

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