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Qué ver en Praga

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El germen de la ciudad de Praga se encuentra en un viejo castillo, construido en el siglo IX sobre una formación rocosa asomada al río Moldava. Según la leyenda, a esa roca se asomó un día una princesa llamada Libuše y profetizó: ‘Veo una gran ciudad, cuya gloria tocará las estrellas.’ La clarividente Libuše ordenó construir un castillo en ese lugar y desde allí la población fue tomando la forma con la que la conocemos hoy día. No cabe duda de que la profecía se hizo realidad y Praga se fue convirtiendo con el paso del tiempo en una gran ciudad, tan hermosa que muy pocas se atreven a competir con su enorme atractivo.

Poco a poco, el primigenio castillo fue dando lugar a una población que fue denominada Hradčany. A sus pies se creó en el siglo XIII otro asentamiento que empezó a ser conocido como Malá Strana, es decir barrio pequeño. Al otro lado del río había surgido como por ensalmo la magnífica Staré Město y junto a ella el Emperador Carlos IV ordenó edificar una nueva ciudad, que eso es lo que quiere decir Nové Město, en la segunda mitad del siglo XIV. Fue este mismo monarca quien encargó la construcción del extraordinario Karlův most, que serviría como amalgama de todas estas poblaciones en el futuro. Aunque, en realidad, el conjunto no se completó hasta bien entrado el siglo XIX, cuando otra entidad, llamada Josefov, se integró definitivamente con el resto.

El prestigio de Praga fue creciendo a pasos agigantados desde su fundación. En el siglo XIV era la tercera ciudad más grande de Europa, tras Roma y Constantinopla. Durante el siglo XVI se convirtió en una especie de reducto en Europa para las artes y las ciencias, con numerosos artistas y científicos, entre los que destacan los astrónomos Kepler y Tycho Brahe, residiendo en la población. Más adelante sobrevino una crisis, pero la Revolución Industrial le vino muy bien a Praga, que siguió prosperando hasta que los soviéticos acabaron con sus esperanzas. No consiguieron hundir su prestigio, a pesar de intentarlo, y, tras la caída del Muro, la capital checa renació de nuevo de sus cenizas y se dirige imparable hacia un esplendoroso futuro. En el paseo por ella que os proponemos, lo podréis comprobar por vosotros mismos.

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Castillo de Praga: Al parecer, en este lugar empezó todo. Sobre un risco que domina el caudaloso río Moldava surgió un castillo en la segunda mitad del siglo IX. Tanto se extendió, que, además del más antiguo de Europa, está considerado el castillo más grande del mundo, con una superficie de setenta mil metros cuadrados. Poco después de su fundación devino en una población denominada Hradčany, una de las cuatro que con el tiempo dieron lugar a la actual Praga.

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Catedral: Situada por completo en el interior del castillo, algo insólito en una catedral católica, la catedral de San Vito, San Wenceslao y San Adalberto es todo un símbolo en la ciudad. Los trabajos de construcción se iniciaron a mediados del siglo XIV, de ahí su aspecto gótico, aunque el templo no se dio por concluido hasta comienzos del siglo XX, lo que da idea de las numerosas vicisitudes que le tocó vivir. Destaca la impresionante fachada sur, durante cinco siglos principal acceso al interior y cuya Puerta Dorada es única en Occidente.

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Zlatá ulička: Una de las imágenes más icónicas de Praga es la de la callejuela conocida como callejón del oro, también incluida en el complejo del castillo. Debe su nombre a unos orfebres que en ella residieron a lo largo del siglo XVII, aunque su propósito inicial fue el de alojar las familias de los guardias del emperador unas décadas atrás. En este lugar, concretamente en el número veintidós, residió durante un par de años Franz Kafka, quien escribió ahí algunas de sus obras, y también vivió allí el Premio Nobel Jaroslav Seifert.

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Malá Strana: A los pies del castillo de Praga se despliega el barrio de Malá Strana, más nuevo que el anterior, aunque en mejor estado de conservación. Al contrario que otras zonas de la ciudad, Malá Strana nunca fue afectado por las guerras y mantiene casi intactas sus construcciones, generalmente barrocas. Entre varias otras, destaca la iglesia de San Nicolás, el mejor ejemplo de templo barroco en Praga. El escritor Jan Neruda nació y vivió aquí, y en su honor la principal calle del barrio se llama Nerudova.

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Karlův most: Si todavía no habéis hecho una parada para probar la mejor cerveza de mundo, Malá Strana es quizás el mejor lugar de Praga para hacerlo. Nuestra taberna favorita es U Kocoura, situada en la misma calle Nerudova de la que hablábamos antes. Desde ella resulta sencillo llegar hasta la orilla del río Moldava y la mejor opción para cruzarlo es, sin dicusión, el histórico y artístico puente de Carlos. Finalizado a comienzos del siglo XV, mide más de medio kilómetro y une Malá Strana con Staré Město, la zona más antigua de la ciudad al otro lado del río.

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Torre de la Pólvora: Ya en la otra orilla del río Moldava, la conocida como Prašná brána eleva sus más de cincuenta metros dando acceso al distrito de Staré Město o Ciudad Vieja de Praga. La finalidad para la que fue construida esta imponente torre gótica en la segunda mitad del siglo XV fue precisamente ésa, la de servir como una de las puertas de entrada a la ciudad. Ya en el siglo XVII sirvió como almacén de pólvora y a este hecho debe la denominación con la que es conocida en la actualidad.

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Plaza de la Ciudad Vieja: Desde ella, siguiendo la calle Celetná, se llega a una de las plazas más atractivas del mundo. Localmente denominada Staroměstské náměstí, la plaza de la Ciudad Vieja combina a la perfección diferentes estilos arquitectónicos, entre los que destacan el gótico y el barroco. La mejor representación de aquél se encuentra en la imponente iglesia de Nuestra Señora frente a Týn, en la que destacan dos espectaculares torres gemelas que se elevan hasta los ochenta metros de altura. En cuanto a éste, sobresale la iglesia de San Nicolás, que no hay que confundir con la homónima de Malá Strana, a pesar de que ambas fueron construidas en la misma época.

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Ayuntamiento de la Ciudad Vieja: Pero, sin duda, el edificio más representativo de la plaza de la Ciudad Vieja, y quizás de toda la ciudad, es el Ayuntamiento de la Ciudad Vieja. Compuesto a su vez de diferentes estructuras, su parte central fue construida en el siglo XIV y la forman una torre gótica de setenta metros de altura con una capilla adosada. En la parte baja de la torre se encuentra el famoso Reloj Astronómico de Praga, que incluye un astrolabio, un calendario circular y una animación a la que se conoce como paseo de los Apóstoles.

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Josefov: Compuesto por dos comunidades judías diferentes que fueron uniéndose, Josefov no pasó a formar parte de Staré Město hasta mediados del siglo XIX. Ya entonces los practicantes de este credo habían recibido permiso para establecerse fuera del barrio, en cuyo interior solo quedaban los ortodoxos y quienes no tenían medios para salir de él. A comienzos del siglo XX se hizo una reestructuración urbanística que acabó con buena parte de sus viviendas y diversos templos. Quedaron en pie el antiguo Ayuntamiento, hoy convertido en museo; seis sinagogas, entre las que destaca la Sinagoga Vieja-Nueva, del siglo XIII; y el antiguo cementerio.

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Crédito: Mil viatges

Antiguo cementerio judío: Este último resulta uno de los lugares más recomendables para cualquier visitante de Praga, especialmente si logra abstraerse de su habitual masificación turística. Estuvo en uso desde la primera mitad del siglo XV hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando fueron prohibidos los enterramientos dentro de los muros de la ciudad. Debido a la falta de espacio, se volcaban capas de tierra sobre tumbas ya existentes con el fin de efectuar nuevos enterramientos. Esta es la razón del evidente abombamiento que presenta el terreno, y, aunque el número de tumbas visibles es de aproximadamente diez mil, se calcula que los enterrados allí podrían superar los cien mil.

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Ayuntamiento de la Ciudad Nueva: Nové Město es el más reciente de los cuatro asentamientos independientes cuya unión dio forma a Praga. Aunque de nuevo no tiene mucho, porque fue fundado en la primera mitad del siglo XIV por encargo del emperador Carlos IV, el mismo que dio nombre al famoso puente del que hablábamos anteriormente. Su Ayuntamiento data de esa época, aunque la torre gótica de unos setenta metros de altura que forma parte del conjunto es aproximadamente un siglo posterior. Cuando las cuatro poblaciones se unieron a finales del siglo XVIII, esta edificación quedó en desuso y fue reutilizada como prisión, entre otras funciones. En la actualidad, sirve como sede de diversos eventos culturales.

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Václavské náměstí: Dedicada a San Wenceslao, patrón de Bohemia y por ende de la República Checa, Václavské náměstí es el centro neurálgico de Nové Město y una de las plazas más importantes de Praga. En realidad, se trata de un bulevar en cuyo extremo superior se sitúa el Museo Nacional, impresionante edificación neorrenacentista de finales del siglo XIX. Frecuente escenario de manifestaciones de protesta contra los invasores soviéticos y la tiranía comunista, posiblemente sea el lugar que mejor representa el espíritu bohemio, tan característico en esta maravillosa ciudad.

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