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India

Khajuraho (por Jorge Sánchez)

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Tras tres semanas participando en el festival del Kumbha Mela, en Allahabad, me dirigí al sur extremo de la India, al cabo Comorín, pero por el camino haría paradas para visitar los lugares más interesantes de ese extraordinario país que es la India. Por ello, como unos viajeros europeos que había conocido en el Kumbha Mela me aconsejaron visitar Khajuraho para admirar sus 22 templos hindúes de granito, construidos entre los siglos X y XI, que exhibían esculturas eróticas, les hice caso pues la idea me atrajo, cuanto más que se hallaba justo en la dirección hacia otros templos que ya había planeado visitar más al sur, como eran los de Ajanta y de Ellora. Por otra parte, en un libro que había leído recientemente sobre los viajes del marroquí Ibn Batutta, se describen esos templos.

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Llegué a Khajuraho en tren. Al alcanzar el complejo de templos noté que había muchos visitantes, pero la mayoría eran indios; pocos extranjeros advertí, y los pocos que vi no eran viajeros individuales, tipo mochileros, sino un grupo de turistas que habían llegado allí en un gran autobús. Entre ellos hablaban inglés (por el acento supuse que serían australianos, aunque no llegué a hablar con ninguno de ellos). Los templos estaban distribuidos en tres zonas, al este, al oeste y al sur. No todos los templos mostraban relieves o esculturas eróticas; uno tenía que acercarse mucho para ver los detalles. Algunas posturas eran clásicas del antiguo texto sánscrito del Kama-Sutra. Unos visitantes indios me contaron que esas escenas representaban al dios Shiva manteniendo relaciones amorosas con ninfas, y que los templos eran una exaltación de la fertilidad. Un pequeño grupo de mancebas indias, al ver las escenas más atrevidas se ponían coloradas y se escondían la risa con las manos. Además de esos templos hindúes dedicados a Shiva, observé que también los había dedicados a Visnú, e incluso entré en un templo jainista. Tras unas 3 horas regresé a la estación de trenes y proseguí mi viaje hacia el cabo Comorín.

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