MunDandy

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Uzbekistán

Embajada a la Luna

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Apodado el Doliente debido a los múltiples padecimientos que tuvo en vida, Enrique III de Trastámara fue un adelantado a su tiempo. Primer infante español en recibir el título de Príncipe de Asturias tras su boda, ocurrida cuando tan solo contaba con nueve años, dio siempre muestras de una madurez y amplitud de miras innata, posiblemente heredada más tarde por su nieta, la tan recordada como vilipendiada Isabel la Católica. Coronado rey de Castilla cuando acababa de cumplir once años, tuvo arrestos para meter en cintura a una nobleza levantisca, detener intentos de invasiones inglesas y portuguesas, colonizar las Canarias y asfixiar al reino nazarí hasta límites insospechados en la época. Pero la visión globalizadora de tan vanguardista monarca no quedó encorsetada en los límites de la Península Ibérica.

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Ruy González de Clavijo vivía tiempos de plenitud aquellos primeros años del siglo XV, cuando el sultán otomano Bayezid I causaba estragos en la cristiandad y había extendido sus tentáculos hasta más allá de los Balcanes. Camarero real, gozaba de la plena confianza de Enrique III, quien lo hizo partícipe del ambicioso plan que había ideado con el fin de frenar los intentos expansivos del turco. Pretendía el monarca castellano establecer una pinza y atacar al temido Bayaceto, como era conocido en Occidente, a la vez por los flancos este y oeste. Sobre el papel parecía una solución sencilla, pero en realidad no lo era tanto, puesto que para ello había que convencer primero al fiero Tamerlán.

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La simple mención a Timür-i Lang, literalmente Timur el Cojo, ponía la piel de gallina a cualquiera, pero Clavijo no se inmutó. Tras recibir el encargo de su señor, comenzó los preparativos para un viaje que se presumía largo y peligroso. Acompañado de una docena de hombres, entre los que se encontraban miembros de la nobleza y el clero, navegantes y exploradores, partió de El Puerto de Santa María en mayo de 1403. Tras casi un año de navegación desembarcaron en Trebisonda, desde donde se desplazaron por tierra durante otros cinco meses hasta alcanzar Samarcanda en septiembre de 1404. La primera impresión que obtuvieron a su llegada debió de ser similar al hecho de aterrizar en la Luna.

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Tamerlán era el hombre más poderoso de su tiempo. Desde su sede en el actual Uzbekistán, extendió su imperio hasta la India hacia el este y Anatolia hacia el oeste, donde hizo prisionero a Bayaceto, que acabó claudicando y muriendo en sus manos. Clavijo fue tratado de manera hospitalaria en una Samarcanda que distaba mucho de tener su apariencia actual. Ninguna de las tres madrasas que conforman la plaza de Registán existía entonces y la ciudad debía de presentar un aspecto mucho más austero. Aun así, los enviados de Enrique III no dejaron de sorprenderse con la diversidad de costumbres, de vestimentas, de olores y sabores. Incluso fueron invitados al palacio Ak-Saray, impresionante edificación en la población entonces denominada Kesh cuya puerta de entrada tenía una altura de setenta metros.

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Después de dos meses tratando de convencer a Tamerlán de las intenciones de Enrique III, Clavijo dio por concluida su embajada y emprendió el regreso. El Cojo parecía más interesado en extender su imperio hacia China y hacia allí se dirigía cuando le sorprendió la muerte en Otrar, antigua ciudad situada al sur del actual Kazajstán. Aunque debía ser enterrado en el mausoleo conocido como Gur-e Amir, sus restos fueron trasladados allí mucho tiempo después. El embajador alcanzó Alcalá de Henares en marzo de 1406 y unos meses más tarde fallecía Enrique III, cuando contaba tan solo con veintisiete años. Protagonista de tan extraordinaria experiencia, la relató en el libro denominado Embajada a Tamorlán, donde narra con detalle sus peripecias. A pesar de ser con seguridad el castellano que más lejos había llegado hasta entonces y de haber vivido una aventura a la altura de la de Marco Polo, Clavijo fue rápidamente olvidado y en esa oscuridad ha permanecido hasta la fecha.

2 COMENTARIOS

    • Os agradezco mucho vuestras palabras. Clavijo no tuvo suerte y no pasó a la Historia de la manera en que lo hicieron otros grandes viajeros. En España es muy difícil ser profeta en tu tierra, otros como Marco Polo lo tuvieron mucho más fácil.

      Muchas gracias por vuestro comentario y un abrazo.

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