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Jorge Sánchez

Palmeral de Elche (por Jorge Sánchez)

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En uno de mis viajes en autobús de vuelta a mi pueblo Hospitalet de Llobregat desde Andalucía, decidí bajarme en la ciudad de Elche por un día para conocerla. Consulté por los lugares más remarcables de la ciudad en la Oficina de Turismo, y allí una diligente empleada me recomendó no dejar de visitar, aparte de la Basílica de Santa María, la Torre de la Calahorra y algún que otro edificio, el Huerto del Cura, que forma parte del Palmeral de Elche. Eran los tiempos de las pesetas y el hoy Palmeral de Elche no estaba aún incluido en la lista de los Patrimonios Mundiales de la UNESCO (lo estaría en el año 2000).

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Empecé mis visitas por los monumentos turísticos y cuando creí que ya había visto lo primordial, me dirigí al Huerto del Cura, llamado así en honor a su dueño, un capellán de una parroquia. La entrada no era cara y en el transcurso de algo más de una hora pude hacerme una buena idea de la magnificencia de ese huerto, o más bien jardín botánico, o palmeral. El Huerto del Cura no era grande, sino más bien pequeño comparado con otros, ya que contiene apenas unas 1.000 palmeras, cuando el total de palmeras que existen en Elche se acercan a las 300.000. En el Huerto del Cura vi palmeras únicas, muchas de ellas superando los 100 años de vida (las palmeras suelen vivir más de 200 años). La más espectacular era la dedicada a Sissi Emperatriz, pues estaba compuesta por 8 brazos, superaba los 17 metros de altura y se calculaba que pesaba más de 8 toneladas. También había palmeras dedicadas a reyes como Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia, Juan Carlos I y su esposa Sofía, o Humberto II de Italia; a escritores como Miguel de Unamuno, Eugenio D’Ors y José María Pemán; a músicos como Rubinstein; a Premios Nobel como Severo Ochoa, a inventores como Juan de la Cierva. Y a varios políticos y militares españoles del siglo XX. Además de palmeras observé otras plantas, árboles, cactus y estanques con agua embelleciendo el lugar. También me fijé en una estatua dedicada al rey Jaime I de Aragón el Conquistador (gracias a ese rey no se destruyó el palmeral tras la conquista de Elche por los cristianos en el siglo XIII).

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Tras mi visita al Huerto del Cura compré en la tienda a la salida un pequeño canasto de dátiles, y dentro de él había como regalo una figurita de la Dama de Elche, que debe estar escondida en algún lugar del baúl de los recuerdos de mi casa. Después entré a comer en un restaurante del centro de Elche y probé por primera vez un plato típico llamado Arroz con Costra (con un huevo batido encima), que lo encontré delicioso. Así pues guardo gratos recuerdos de esa ciudad alicantina.

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