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Italia

Costa Amalfitana (por Jorge Sánchez)

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Visité por primera vez la costa Amalfitana en el año 2005 y me quedé maravillado por su belleza. En Nápoles abordé un tren a Sorrento y al rato proseguí en un autobús a Positano. El trayecto fue precioso. Había cogido un asiento en la derecha para bien observar la costa. Hubo muchas curvas y bastante tráfico pero el chófer conducía embalado. Positano es un puerto antiguo ya utilizado por fenicios y griegos; formó parte integrante de la antigua República Amalfitana, pero a mediados del siglo XX empobreció tanto que muchos de sus habitantes emigraron a Estados Unidos de América. Sin embargo hoy, gracias al turismo, su economía ha vuelto a florecer. Sus estrechas calles estaban llenas de turistas internacionales, además de italianos, y hasta escuché hablar el español. Al caminar por sus callejones escalonados los vendedores de las tiendas te ofrecían gratuitamente degustaciones del licor típico limoncello, y yo siempre aceptaba todos los vasitos.

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Tras un par de horas de visita proseguí en otro autobús por una carretera con vistas dramáticas hasta Amalfi, la capital de la república mencionada, una ciudad fundada el siglo IV, durante el Imperio Romano, que encontré aún más encantadora que Positano. Allí de nuevo aceptaría todos los vasitos de limoncello que me ofrecían los amables vendedores, no rechazando ni siquiera uno. Subí los escalones hasta la Piazza del Duomo y admiré su preciosa catedral (cattedrale di Sant’Andrea), remarcando en ella elementos bizantinos y otros estilos. Se cree que San Francisco de Asís la visitó en el siglo XIII. En su interior no me olvidé de comprarle un cirio al monaguillo del párroco.

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Cuando me entró hambre entré en una de las trattorias a almorzar pasta y a media tarde proseguí mi viaje con destino final Sicilia para, desde Porto Empedocle (cerca de Agrigento, cuya zona arqueológica visité) embarcarme a la isla de Lampedusa, pero en vez de hacerlo en autobús o en tren me acerqué al puerto y comprobé que había salidas regulares de barcos a Salerno. La travesía tomaba 35 minutos de tiempo en recorrer 7 millas marítimas. Y enseguida compré un pasaje para la primera salida. La travesía fue espectacular por la visión de las montañas desde el mar Tirreno, además de las vistas de Amalfi y otros pueblos de la costa amalfitana que cruzamos (aunque sin detenernos), tales como Minori, Cetara o Vietri sul Mare. Me sentí triste cuando arribé a Salerno; hubiera querido que ese entrañable viaje por mar durara mucho más.

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