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Estados Unidos

Denali (por Jorge Sánchez)

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Encontrándome en Anchorage decidí visitar una Reserva de la Biosfera llamada Denali, al igual que el pico más alto de América del Norte, que alcanza los 6190 metros (el pico más alto del continente americano es el Aconcagua, de 6961 metros, localizado entre Argentina y Chile). Yo no era un escalador, ni tampoco tenía suficiente dinero como para explorar esa reserva durante varios días; además, carecía de tienda de campaña y trebejos para prepararme la comida, así que me contenté con pasar unas horas en los alrededores de la montaña Denali. Fue cuando en la oficina de turismo de la ciudad me dieron información en español de un tren (llamado Denali Star Train) que funciona de Anchorage a Fairbanks y cruza toda la reserva de la biosfera, realizando una larga parada frente al Denali. La idea me gustó, así que compré allí mismo un billete de tren para el día siguiente.

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Dormí en un albergue junto a la estación de tren y a las 08.15 de la mañana ya estaba listo para abordar mi vagón a Fairbanks. El viaje tomaría 12 horas para recorrer apenas 600 kilómetros, haciendo paradas largas en Wasilla – Talkeetna – Denali. Las vistas del paisaje fueron magníficas y pronto todos los pasajeros comenzamos a disfrutar de la visión del Denali, pico que anteriormente se conocía por Mt. McKinley, en honor a un presidente estadounidense (el número 25). Lo mejor de ese tren era que el techo del vagón era una cúpula de cristal y hasta había otro vagón a cielo abierto, con lo cual se podía mirar por los lados y también para arriba. Atravesamos puentes sobre ríos donde observamos a jóvenes practicando piragüismo. Todos los pasajeros estábamos exaltados. Además, todas las azafatas del tren eran jóvenes y bellas.

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La parada en el Parque Nacional Denali fue extraordinariamente larga por lo cual todos nos aventuramos a realizar incursiones en el follaje para tomar las mejores fotografías del pico Denali. Hubo unos pasajeros con prismáticos que observaron un oso y algún que otro caribú, pero yo no tuve la fortuna de avistarlos. Sólo vi algunos pájaros, y entre ellos me pareció distinguir urracas. Cuando llegamos por la noche a Fairbanks todos estábamos tristes por haberse acabado tan pronto ese viaje tan placentero.

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