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Reino Unido

Isla Gough (por Jorge Sánchez)

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En septiembre del año 2007 viajé en un barco pescador (Edinburgh of the Seven Seas) desde Ciudad del Cabo a la isla de Tristán da Cunha. La travesía duró diez días debido a los malos vientos y oleaje. A causa de la abrupta orografía de la montañosa isla, el barco tuvo que echar ancla a unos 100 metros del puerto y mediante una jaula descender a los pasajeros hasta una barcaza de la comunidad isleña que había venido a recogernos. Éramos solo 10 pasajeros, todos «tristanos», excepto yo.

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Me quedé en casa de los nativos. La reserva y el permiso los había gestionado por adelantado con el gobierno de la isla de Tristán da Cunha por medio de correos electrónicos. El pago lo efectuaría in situ.

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Tuve tiempo de hacer trekkings, entablar amistades, asistir a misa el domingo, comprar un cirio, y divisar la Isla Inaccesible, situada justo frente a Tristán da Cunha (ver foto). Tras diez días de estancia en Tristán da Cunha, el barco había pescado suficientes langostas y embarqué de regreso a Ciudad del Cabo, donde doce días más tarde debía volar de regreso a Barcelona, España. Pero a las pocas horas de haber iniciado el regreso a Sudáfrica llegó un comunicado desde la naviera del barco, ordenando al capitán del Edinburgh of the Seven Seas de hacer una escala de emergencia en la isla de Gough, pues un meteorólogo se había vuelto loco.

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El capitán alteró el rumbo dirigiéndose hacia la isla de Gough. Yo le rogué que me permitiera desembarcar en la isla, pero él rehusó todas las veces que insistí, alegando que era peligroso y se jugaba su puesto de trabajo si me sucedía algún siniestro; nunca dio su brazo a torcer. Era la medianoche cuando llegamos a Gough y una lancha zodiac con dos pescadores fue a buscar el meteorólogo enajenado. Yo me quedé mirando la escena, con rabia por no haber podido ir allí. A decir verdad, el enajenado, vestido con una camisa de fuerza, estaba ya abajo, y de haber ido a Gough no habría podido subir por un tipo de ascensor arriba, donde se halla la base meteorológica. Pero, igualmente, me habría gustado «pisar» la isla y no conformarme con sólo verla desde la distancia. Esa noche el capitán echó ancla frente a Gough y zarparíamos de madrugada. Ese desvío supuso una pérdida de dos días de tiempo y, en consecuencia, perdí mi billete de avión de regreso a Barcelona, en España.

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Me pregunto: si un turista viene a Barcelona y visita la Sagrada Familia por fuera, todas sus fachadas, pero se asusta de la larga cola para comprar un billete para ver su interior, o bien no quiere pagar el excesivo precio del billete, y no entra ¿ello cuenta como «visita» de la Sagrada Familia? Pues ese fue mi caso con las islas Inaccesible y Gough. Pero al menos las vi, y hasta observé cómo sus aves endémicas sobrevolaban Gough y graznaban al ver humanos sobre el Edinburgh of the Seven Seas. Eso es mejor que nada ¿no?

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