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Jorge Sánchez

Kiev (por Jorge Sánchez)

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Kiev es una ciudad preciosa como un cuento, pero casi todas mis visitas fueron en tiempos de la URSS y no llevaba cámara fotográfica, por lo que no puedo mostrar imágenes de Pechersk Lavra, o el Monasterio de las Cuevas. En mi último viaje a esta ciudad ya poseía una cámara de bolsillo, y revisité el centro, en especial la solemne catedral de Santa Sofía, cuyo nombre, traducido como Sagrada Sabiduría, proviene de la de Constantinopla.

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Coincidí con una misa, a la que asistí, pues no suelo perderme ni una. Tras ello compré un cirio y me paseé por el parque anexo, donde escuché con deleite las bellas melodías que interpretaban unos bardos con sus laudes y balalaikas. El Patrimonio de la Humanidad en Kiev no sólo se circunscribe a esta catedral y al Monasterio de las Cuevas, sino al «conjunto de edificios monásticos», o las diversas iglesias que adornan la ciudad, a cual más hermosa. Las identificaba por sus colores, y son numerosas.

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No me perdí asimismo la visión del río Dniéper desde una colina, más las estatuas dedicadas a los tres fundadores de Kiev: Kyi, Schek y Khoryv, y también a la Madre Patria (Rodino Mat). Pero ninguna visita es completa en Kiev si no se sube hasta el memorial del Holodomor, o genocidio. Durante los años 1932 y 1933 murieron de inanición unos 5 millones de ucranianos. Un monumento en forma de torre junto a una niña exageradamente delgada, simbolizan este siniestro episodio de la historia de la URSS.

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En el sótano de este memorial me dieron todo tipo de información con folletos explicativos, hasta un cirio para colocarlo junto al memorial tras la visita, pues allí no hay luz eléctrica. Los ucranianos lo consideran un genocidio de Stalin, pues el grano que se recolectaba en las granjas de la actual Ucrania lo vendía Stalin al extranjero para conseguir divisas, matando de hambre a su propia gente. Tras ver la exposición con fotografías de esos años mostrando gente moribunda en las calles, que caían como moscas, uno sube a la superficie conteniendo las lágrimas. Tras mis visitas en Kiev viajé en un tren nocturno a Lvov.

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