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Jorge Sánchez

Lonja de la Seda (por Jorge Sánchez)

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La primera vez que visité el interior de la Lonja de la Seda fue a finales del siglo XX y me pareció un conjunto arquitectónico interesante. Cuando regresé otra vez a Valencia, ya en el siglo XXI, me enteré de que la Lonja de la Seda estaba registrada como Patrimonio Mundial en la lista de la UNESCO y me alegré de ello, cómo no (un patrimonio más español), pero al mismo tiempo lamenté que UNESCO no hubiera añadido en ese mismo patrimonio todo el centro histórico de Valencia, pues se lo merece, incluida la Catedral de Santa María con su Santo Cáliz y los cuadros de Goya (dedicados a San Francisco de Borja), el Mercado Central con su arquitectura modernista, la Iglesia de los Santos Juanes (que en el pasado fue una mezquita), y todos los edificios anexos a la Plaza de la Virgen (como el Palacio de la Generalidad y la Basílica de la Virgen de los Desamparados).

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La entrada a la Lonja de la Seda era gratuita en el siglo XX, pero en el XXI pagué 2 euros. Fue construida entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, durante el Siglo de Oro del Reino de Valencia, cuando su puerto era de los más importantes de la Corona de Aragón y del mar Mediterráneo gracias a su industria y su comercio, en especial de la seda, de ahí el nombre del edificio. Allí se realizaban transacciones comerciales. Su estilo se denomina gótico flamígero, según un folleto que me regalaron en la Oficina de Información. Sin embargo, en otro folleto leí que era gótico tardío.

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La lonja se compone de cuatro partes: la Torre, el Patio de los Naranjos, la Sala de Contratación y el Consulado del Mar. Desde el exterior, el edificio de la lonja tiene un aspecto sólido y poderoso, como el de un castillo. Me llamaron la atención las columnas espirales en forma de palmeras de la Sala de Contratación, así como su decoración tallada en piedra, como las gárgolas. Los techos, como el del Consulado del Mar, son otra de las maravillas de la lonja. En total, durante mi segunda visita al interior de la lonja, pasaría una media hora. Al salir me dirigí a pie a la Plaza de la Virgen para tomarme una horchata de chufa de Xirivella.

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