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Jorge Sánchez

Los Jerónimos – Torre de Belém (por Jorge Sánchez)

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Éste es el patrimonio mundial más dulce de Portugal y al final explicaré por qué. Este sitio está a un tiro de piedra de Lisboa. Normalmente se comienza a visitar el maravilloso monasterio de San Jerónimo, que está construido en estilo manuelino (nombrado así por el rey Manuel I). La entrada a su interior es gratuita pero para visitar el claustro hay que pagar. Como viajero, lo que más me gustó del interior fueron las tumbas del poeta Luís de Camões (que escribía en español) y del explorador Vasco da Gama, tanto que le pedí a un indígena que me hiciera una foto junto a la de Vasco de Gama, el gran navegante portugués que descubrió la ruta a la India a través del cabo de Buena Esperanza.

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Una vez que visité el bellísimo monasterio crucé la avenida por un túnel y me acerqué a orillas del río Tajo para estudiar por fuera y por dentro el Monumento de los Descubrimientos, en forma de carabela, donde están representados los grandes viajeros portugueses encabezados por el impulsor de los descubrimientos marítimos, el príncipe Enrique El Navegante, como Vasco da Gama, Luís de Camões (también fue viajero), Fernando de Magallanes (que realizó la primera vuelta al mundo que concluyó Juan Sebastián Elcano), Bartolomeu Dias (alcanzó el cabo de Buena Esperanza), Pêro da Covilhã (el primer portugués en penetrar en La Meca y Medina), Fernão Mendes Pinto (el autor de Peregrinação), Gil Eanes, etc., y también aparece nuestro jesuita san Francisco Javier, el primer español que entró en Japón. Desde lo alto de ese monumento se distingue en el suelo un gran mapamundi dentro de una rosa de los vientos señalando los descubrimientos de los portugueses, como la isla de Santa Elena, Santo Tomé y Príncipe, las Mascareñas, Malucas, Madagascar, Angola, Timor… etc.

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Continuando a pie por la orilla del río Tajo se llega a los pocos minutos a la segunda parte de este patrimonio mundial, la Torre de Belém. Su interior me defraudó; la encontré más atractiva por fuera. Hoy constituye un lugar icónico portugués.

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Tras estas visitas entré en una cafetería cercana al monasterio donde pedí a la camarera un cafezinho más media docena de pastéis de Belém, unos dulces muy sabrosos de receta secreta de los monjes del monasterio desde el año 1837 que todos los portugueses adoran. Cuando los portugueses emigrados en otros países regresan a Lisboa a visitar familiares, lo primero que hacen es visitar este antiguo monasterio para saborear los pasteles.

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