MunDandy

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Reflexiones

Recapitulando (VI)

Atenas_15

Pasan rápidamente los años y no deja de sorprenderme el hecho de seguir en la brecha. Cada vez más aislado, cada ciclo con menos visitas, aunque curiosamente el año de la pandemia superara a su predecesor en ese aspecto. Cada día con menos interés, con escasas satisfacciones, con una evidente pérdida de motivación. Sin ninguna intención de compararme con un genio, dejad ya de especular, alguna vez he pensado en lo que sentiría Vincent van Gogh cuando pintaba una obra maestra tras otra sabiendo de manera expresa que nadie, salvo su hermano Theo, iba a interesarse por ellas. ¿Cuál era el estímulo que lo animaba? ¿Qué acicate lo hacía levantarse cada mañana dispuesto a proseguir con su tarea a sabiendas de que no era más que tiempo perdido?

La respuesta no está silbando en el viento, como diría otro genio, sino cabalgando sobre la inercia. La inercia es una fuerza tan intangible como poderosa, capaz de mover montañas, secar mares, avivar las llamas del averno y hasta conseguir que alguien tan inválido como yo continúe escribiendo. La juguetona inercia ha logrado, por consiguiente, mover los hilos que me animan un día sí y otro también a sentarme ante la pantalla y comenzar a aporrear una tecla tras otra, la mayoría de las veces sin conexión alguna entre ellas. Si sueño, si escribo, si vivo se lo debo, o mejor dicho culpo de ello, a la nefasta influencia de la inercia.

Pero, aunque tengan la misma raíz, inercia tiene poco que ver con inerte. Lo inerte está inmóvil, lo sometido a la influencia de la inercia está en movimiento, aunque éste carezca de aceleración. Debería repasar mis apuntes de física, pero apostaría a que la inercia es una fuerza continua, de carácter lento e imposible de detener. Si estás sometido a su influjo no tienes más remedio que seguir su ritmo, que aferrarte a ella para no quedarte atrás, que adaptarte a sus vaivenes para no caerte. Como el tiempo, la inercia es imparable, inviolable y no hay manera de hacerla retroceder.

Por lo dicho hasta ahora, parece evidente que la inercia es la fuerza que mueve este blog. Y que, aunque su potencia se haya ralentizado considerablemente en los últimos tiempos, por el momento sigue motivando a sus autores. En este último año hemos escrito un total de trescientos diecinueve artículos, con lo que hemos superado la mágica cifra de tres mil y, por el momento, hemos detenido el contador en 3.078. Mención especial merece la sección Tesoros del Mundo, en la que ya hemos sobrepasado ampliamente el millar de elementos, contando exactamente con 1.130 hasta la fecha. No se queda atrás Tesoros de España, donde hemos dejado atrás las seiscientas publicaciones hasta llegar a 643 exactamente. El resto siguen su curso, siempre movidas por la insoportable levedad de la inercia.

La mejor noticia de este último año, sin duda alguna, es la incorporación del gran viajero Alberto Campa al Club UNESCO. Con él y con el no menos grande Jorge Sánchez juntamos un dúo que no tiene absolutamente nada que envidiar a ningún medio escrito sobre viajes, incluidos inspirers, influencers y demás fauna que pulula por estos medios. La presencia de ambos da nuevos bríos a una web un tanto alicaída en los últimos tiempos. Como si esa inercia que nos mueve desde nuestros inicios hubiera perdido buena parte de su poderío y amenazara con cesar en su influencia. ¿Será capaz de recobrar su energía a lo largo de este nuevo año que ahora comenzamos? Os emplazamos a comprobarlo.

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