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Jorge Sánchez

Riga (por Jorge Sánchez)

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La primera vez que visité Riga fue en tiempos de la Unión Soviética, junto a un grupo de españoles, y éramos dirigidos por una guía rusa que hablaba español. Llegamos a esa ciudad en tren desde la entonces Leningrado, y tras dos días de estancia nos condujeron a la vecina playa de Jūrmala. La guía nos contó que Riga fue fundada durante los primeros años del siglo XIII por mercaderes de Bremen (Alemania), y que constituía la ciudad más industrializada del Báltico soviético, donde se fabricaban locomotoras, minibuses, computadoras, radios, lavadoras, teléfonos… y que por ello disfrutaba de un alto nivel de vida y salarios, comparados con los del resto de las ciudades soviéticas. Algunos ciudadanos soviéticos llamaba a Riga la pequeña América.

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Ese viaje lo realicé en los años 70 del siglo XX y no llevaba cámara de fotos, por ello sólo recuerdo que nos mostraron la catedral (debió ser la ortodoxa, aunque no estoy seguro), más la iglesia de San Pedro y el castillo. También paseamos por el Parque Meja y cruzamos un río en la ciudad que hoy sé que se trató del Daugava. Regresé a Riga en varias ocasiones en años posteriores, individualmente, una vez que Letonia era ya un país independiente, y aprecié la ciudad en algunos aspectos más que la primera vez (en otros no, como la discriminación racial de los letones hacia el más de medio millón de rusos que viven en Letonia, los cuales carecen de derechos básicos, y hasta de nacionalidad). Cuando pregunto a mis amigos viajeros por la ciudad más interesante de los tres países bálticos, la mayoría me suele responder Tallin, y unos pocos Vilnius (o Vilna en español). Pero nadie prefiere Riga, antiguo miembro de la Liga Hanseática, a pesar de ser la ciudad más poblada de las tres, la más activa culturalmente y la que destaca por albergar numerosos edificios de Art Nouveau.

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En este nuevo viaje traté de conocer otros lugares que no había visitado la primera vez, y fue de esta guisa que descubrí edificios de Art Nouveau que no nos enseñó la guía rusa, así como una simpática escultura, representando los cuatro animales (el burro, el perro, el gato y el gallo) del famoso cuento Los músicos de Bremen de los hermanos Grimm, que fue regalada por Bremen (una ciudad hermanada con Riga) para celebrar la independencia de Letonia en 1991. No dejé de visitar mi lugar favorito de Riga: la Plaza del Ayuntamiento con sus preciosos edificios, así como un monumento cercano que no conocía y me sorprendió, al tiempo que me extrañó. Databa de 1971, tal como indicaba un letrero, y se titulaba Fusileros Letones. Estaba dedicado por los soviéticos a los letones que defendieron los países bálticos, junto a los rusos, ante los atacantes alemanes en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. Cuando empezó a oscurecer me alojé en un hostal del centro histórico y a la mañana siguiente proseguí mi viaje cruzando a Lituania.

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