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Jorge Sánchez

Sviajsk (por Jorge Sánchez)

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Me tomó 2 horas llegar en minibús desde Kazán a Sviajsk. Hasta principios del siglo XXI Sviajsk era una isla en medio del río Volga, pero hoy está unida a la orilla gracias a un istmo artificial. Había que adquirir una entrada en un kiosco para acceder a este sitio UNESCO, pero era gratuita. Simplemente era un control de visitantes a efectos estadísticos. Tan pronto como subí los escalones encontré un imponente signo de UNESCO sobre una torre de madera de la catedral de la Asunción, dentro de un monasterio.

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Todo el conjunto que estaba visitando fue construido en un tiempo record en el año 1551. El propulsor fue el zar Iván el Terrible. Deseaba conquistar la ciudad de Kazán, capital de los tártaros, y desde esa isla de Sviajsk organizaría sus ataques. Primero la asedió, hasta que al final la ciudad de Kazán cayó en poder ruso, tras lo cual Sviajsk perdió importancia política y se convirtió en un pueblo insignificante. Hoy, sus habitantes, unos 250, viven del turismo, ofreciendo al visitante recuerdos, juegos al arco, disfraces de Iván el Terrible, comida típica rusa, y hasta la bebida antigua rusa, llamada miedovuja, preparada a base de miel.

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En el interior de la catedral había servicio religioso y numerosos iconos. Participé en una misa junto a más turistas y después salí para recorrer todo el perímetro de la isla; luego la crucé dos veces en diagonal, sin perderme ningún edificio antiguo interesante. Entré en unas cinco iglesias, a cual más bella e interesante. Y siempre buscaba al pope o al monaguillo para adquirir cirios, que se vendían a 50 rublos. Una de las iglesias estaba construida únicamente de madera, sin usar clavos, y ante otra vecina había un sauce llorón. Un tártaro me contó que el sauce llorón se debe a un injerto de los tártaros; hace muchos siglos uno de ellos injertó una cebolla a un pino, y le hizo llorar, de ahí el nombre de sauce llorón al resultado del injerto.

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La isla constaba de dos partes: en la cima de la colina estaba situada la antigua fortaleza del Iván el Terrible y en su interior las iglesias junto a los monasterios, mientras que abajo, a apenas media versta de distancia, se veían las casas de los habitantes y allí también observé una iglesia, aunque no entré en ella por no considerarla tan histórica como las de la cima de la colina. Los museos eran de pago, por lo que sólo entré en uno de ellos, el dedicado a la historia del siglo XX. Allí se explicaba que en los tiempos comunistas las iglesias y monasterios fueron utilizados como cárceles. También me contaron que el comunista León Trotski cometió actos de sadismo con los rusos blancos, tras su rendición en Kazán. Pero ese execrable personaje recibió su merecido al ser asesinado en México por el comunista español Jaime Mercader, nativo de Barcelona. Tras almorzar un plato antiguo ruso junto a un vaso de miedovuja, regresé feliz en minibús a Kazán.

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