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Jorge Sánchez

Baixa Pombalina (por Jorge Sánchez)

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En uno de mis viajes a Lisboa (en el año 2011) me alojé en un hotel en el centro del barrio de la Baixa Pombalina que hacía esquina con la peatonal Rua Augusta, y desde la ventana de mi habitación podía ver al fondo el Arco da Rua Augusta, en la misma Praça do Comércio, más los espectáculos que se desarrollaban abajo en la calle. Algunos de ellos tanto me complacían que descendía para verlos de más cerca y tomar fotografías a sus artistas, tales como payasos, titiriteros y saltimbanquis, hombres estatuas, tahúres, músicos y bailarines de claqué. Ese barrio de la Baixa Pombalina fue construido tras el siniestro terremoto acaecido el año 1755 que destruyó Lisboa. Tras esa desgracia, el Marqués de Pombal (de ahí el nombre de Pombalina) resolvió reconstruirlo en un estilo innovador en Europa en esos tiempos, con calles elegantes de una misma altura con cuatro pisos, y que estuvieran a prueba de temblores de tierra y de otras catástrofes (aunque ello no impidió el gran incendio del centro de Lisboa en el año 1988, que volvió a destruirlo). Ese barrio está lleno de restaurantes con mesas en medio de las calles, más tiendas de recuerdos, de comestibles, cafeterías y bodegas, etc. Es muy grato y apacible callejear por él.

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Además de este barrio, UNESCO incluye en su lista indicativa otro candidato abarcando todo el centro histórico de la ciudad (Lisboa histórica, ciudad global), con lo cual si uno visita las calles del barrio de la Baixa Pombalina y alguna otra zona histórica vecina, como la Alfama o Chiado, o se sube al Castelo de São Jorge, puede tranquilamente «apuntarse» como visitados dos sitios a la vez de tal lista indicativa. Es por ello que, en mi opinión, UNESCO debería unificar los dos candidatos para así tener más opciones de convertirse en un Patrimonio Mundial en un próximo futuro, pues Lisboa se lo merece.

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Uno de los símbolos del barrio de la Baixa Pombalina lo constituye su original (a la vez que bonito) elevador de Santa Justa, que comunica ese barrio con el de Chiado. El material del que está hecho es hierro, pero su erección no corresponde al período del barrio de la Baixa Pombalina tras el terremoto de 1755, ya que comenzó justo el año 1900 y concluyó 2 años más tarde. Por curiosidad me monté en él. Había una larga cola para adquirir el billete a pesar del precio exageradamente caro para ascender unos pocos metros (entre 40 y 50). Noté que absolutamente todos los que lo compraban eran extranjeros, a juzgar por sus lenguas (español, inglés, francés y hasta ruso). Los portugueses no son tontos y prefieren caminar para acceder a Chiado, aunque, eso sí, se pierden una vista excepcional si se quiere acceder a un mirador un piso más arriba (para el que hay que comprar otro billete de precio abusivo).

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