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Reflexiones

Soñar no cuesta nada: América

Perito_Moreno
Crédito: wmilena30

Tal día como hoy, hace ya muchos años, comencé a soñar. Cualquiera que me conozca un poco sabrá que mis sueños suelen tener lugar más habitualmente durante la vigilia que durante el sueño, valga la redundancia. Que su duración puede prolongarse durante semanas, meses o incluso años. Que generalmente vagan libres, dotados de una apariencia fantasmal que no sé muy bien si resulta atractiva o temible a mis ojos. Y que, en definitiva, a veces se les ocurre tomar forma, dando lugar frecuentemente a pesadillas y muy pocas veces a realidades.

Más que de realidades, de pesadillas procedemos a hablar a continuación. Pesadillas amables en todo caso, puesto que tienen difícil convertirse en reales y a la vez consienten que el sueño continúe. Pesadillas que te mantienen alerta, que te permiten seguir luchando para que, irónicamente, lleguen a cumplirse algún día. Que te persiguen sin piedad, sin darte ocasión de tener un respiro. Que, en fin, suelen dejarte con la miel en los labios, sin que logres alcanzar esa sensación tan liberadora de adrenalina como placentera que produce el hecho de llegar a cumplir un sueño.

¿Os habéis dado cuenta ya de que, aparte de soñar, divagar es otra de mis aficiones? Años anteriores, en esta misma fecha, expuse los lugares que soñaba conocer en España, los que pretendía visitar en Europa y los que algún día me esperaban en Asia. La inmensa mayoría de esos sueños no se han cumplido y seguramente nunca lo harán, pero permitidme listar ahora quince sitios a los que me encantaría llegar en América. Continente que conozco en cierta medida, pues he tenido ocasión de cruzar el charco más de veinte veces y visitar un total de veintiocho de los treinta y cinco estados que lo componen, pero en el cual espero tener ocasión de profundizar aún más. Aunque sea solo en sueños, ¡¡¡allá vamos, América!!!

Tikal (Guatemala): Estuvimos en Guatemala hace unos años, concretamente en 2008. Aunque el sitio maya de Tikal era uno de nuestros principales objetivos, finalmente decidimos no ir, debido al riesgo de malaria existente para un niño de cuatro años y un bebé de poco más de uno. Mantengo la esperanza de sacarme esa espina algún día.

Salar de Uyuni (Bolivia): Bolivia es un país que siempre me ha resultado intrigante, probablemente por las evidentes diferencias que presenta respecto a mi tierra natal. Si tuviera que elegir un solo lugar para visitar en tierras bolivianas, me decantaría probablemente por el Salar de Uyuni. Un inmenso desierto salino del tamaño del Principado de Asturias y situado a más de tres mil quinientos metros sobre el nivel del mar. Casi nada.

Groenlandia (Dinamarca): Aunque es muy posible que se independice a corto plazo, Groenlandia sigue formando parte del estado de Dinamarca en la actualidad. Estuve muy cerca de llegar hasta esta tierra verde hace varios años, cuando visitamos Islandia. Sin embargo, no acabamos de convencernos del todo y desde entonces me he arrepentido más de una vez. Espero que aún no sea demasiado tarde.

Paramaribo (Surinam): Junto con Haití, las Guayanas son las grandes desconocidas de América, sin duda. Y estoy convencido de que tienen mucho que ver. Por ejemplo, el centro histórico de Paramaribo, donde conviven edificaciones de tipo colonial con construcciones tan atractivas como la catedral católica o la mezquita, que curiosamente está adosada a la sinagoga, dando ejemplo de convivencia entre credos tan dispares.

Desierto de Atacama (Chile): El lugar más árido de la Tierra se encuentra en el norte de Chile, muy cerca ya de tierras bolivianas. A pesar de no ser demasiado extenso, el desierto de Atacama supera los cien mil kilómetros cuadrados y su pluviosidad es ínfima. Tanto, que una lluvia superior a un milímetro tiene lugar cada quince años o más. En algunas de sus zonas, se considera que ha estado unos cuatrocientos años sin llover.

The Great Blue Hole (Belice): El buceo en aguas profundas no es lo mío, pero tan solo con llegar a este increíble lugar ya me daría por satisfecho. Situado a unos setenta kilómetros de la costa de Belice, este agujero de unos trescientos metros de diámetro y ciento veinticinco de profundidad está considerado el más grande del mundo en su género. Forma parte de un sistema arrecifal protegido y destaca por su considerable biodiversidad.

Yellowstone (Estados Unidos): Creado a finales del siglo XIX, Yellowstone es el parque nacional más antiguo del mundo. Mayoritariamente situado en el estado de Wyoming, se extiende por un área cercana a los nueve mil kilómetros cuadrados. Entre la extraordinaria naturaleza que alberga destacan géiseres como el Old Faithful, cuyo chorro sube hasta setenta y cinco metros de altura.

Machu Picchu (Perú): A pesar de mi nula querencia a la altura, éste es un lugar que debería visitar sí o sí, aunque para hacerlo tenga que ir dopado. Envuelto en una bruma legendaria, Machu Picchu fue un santuario religioso posteriormente reconvertido en residencia palaciega de un caudillo inca. Descubrir sus secretos ha sido un sueño recurrente desde mi más tierna infancia.

Teotihuacán (México): También desde mi infancia conservo una especial afición a las pirámides y en el sitio arqueológico de Teotihuacán están situadas algunas de las más misteriosas. Las pirámides del Sol y de la Luna son anteriores a nuestra era y se encuentran entre las estructuras más grandes de este tipo en América. En especial, la primera de ellas, cuyo perímetro es similar al de la Gran Pirámide de Keops, aunque su altura sea bastante inferior.

Kaieteur Falls (Guyana): ¿A que no habíais oído hablar de este lugar? Pues el Salto Kaieteur es una impresionante cascada, con una caída de unos doscientos cincuenta metros sobre el bosque lluvioso guyanés. Además de tener una altura cuatro veces superior a las cataratas del Niágara y dos veces superior a las cataratas Victoria, concentra el mayor volumen de agua para una cascada de un solo salto en el mundo. Todo un espectáculo.

Amazonía (Brasil): Hablando de bosque lluvioso, ninguno tan extenso como la selva amazónica. Extendido por territorio correspondiente a varios estados sudamericanos, la mayor parte de su superficie se encuentra en Brasil. Allí, cerca de Manaos, confluyen los ríos Amazonas y Negro, cuyas aguas, de color marrón las del primero y negro las del segundo, no se mezclan y fluyen paralelas durante casi un centenar de kilómetros. Una maravilla de la naturaleza.

Islas Galápagos (Ecuador): Primer lugar del mundo en ser declarado Patrimonio de la Humanidad, las islas Galápagos son un lugar único. Dotadas de una biodiversidad asombrosa, se han mantenido milagrosamente en un estado casi impoluto desde que fueron descubiertas allá por el siglo XVI. Entre sus numerosos endemismos, destacan esas tortugas gigantes que les dieron nombre y de las que se conservan diez especies en la actualidad.

Château Frontenac (Canadá): Cierto es que el territorio canadiense es fundamentalmente conocido por sus vastos y bien preservados espacios naturales. Pero Canadá también tiene un hueco para la arquitectura y una de sus manifestaciones más extraordinarias es el Château Frontenac, que, a pesar de su nombre, es un hotel. Situado en la ciudad de Quebec, impresiona tanto su imagen que es habitualmente denominado el hotel más fotografiado del mundo.

La Citadelle (Haití): De apariencia y dimensiones tan impresionantes como el anterior, La Citadelle es una fortaleza localizada al norte de Haití. Fue construida a comienzos del siglo XIX, tras la independencia del país haitiano. Veinte mil trabajadores, ya entonces hombres libres, participaron en las obras y se dice que albergaba trescientos sesenta y cinco cañones para la defensa de la zona circundante. Aunque nunca se produjeron ataques exteriores, esta masiva edificación ha sufrido diversos terremotos a lo largo del tiempo.

Glaciar Perito Moreno (Argentina): Y termino con una de mis principales asignaturas pendientes, todo un emblema de la Patagonia argentina y uno de los pocos glaciares en el mundo que se mantiene en crecimiento. El Perito Moreno tiene un frente de unos cinco kilómetros de longitud y una altura que alcanza los sesenta metros. Cuando vaya a verlo, espero hacerlo coincidiendo con el fenómeno denominado rompimiento, que provoca el desplome de importantes masas glaciares en su frente. Al menos, mantengo la esperanza de poder comprobar que todo no sea tan solo un sueño.

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