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11 árboles singulares de portes ejemplares

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Pocos seres vivos despiertan mi admiración tanto como los árboles. Se conocen como tal a plantas de cierto porte, que superan un diámetro del tronco y una altura determinados y producen ramas secundarias desde un tronco común. Los expertos consideran que los árboles llevan casi cuatrocientos millones de años sobre la faz del Planeta Tierra y que su guarismo supera los tres billones de elementos. Otros datos aseguran que el número de árboles se ha reducido prácticamente a la mitad en el mundo desde que aparecieron los humanos y que cada año se pierden alrededor de quince mil millones de ejemplares. Cifra tremenda, que sin duda ha redundado en la desertización que vive actualmente nuestro planeta.

Pero no nos pongamos en plan dramático ni ecologeta, que este post va dedicado a esos seres vivos que tantas alegrías me han dado desde mi más tierna infancia. Aunque en contadas ocasiones he llegado hasta un lugar con el único propósito de acercarme hasta un árbol, siempre que he tenido oportunidad les he dedicado unos minutos de mi tiempo a varios de ellos. Otros me han acompañado desde que tengo uso de razón y los considero mis amigos. Incluso algunos viven conmigo ejerciendo el papel de mascotas y les tengo mucho aprecio. Siguen a continuación algunos de los árboles que he tenido ocasión de admirar a lo largo y ancho de mi vida.

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Ciprés de Abarkuh (Abarkuh, Irán): Venerable ejemplar de Cupressus sempervirens, al ciprés de Abarkuh se le estiman al menos cuatro mil años de edad. Si los cálculos son ciertos, y no hay razones para pensar lo contrario, se trataría del segundo habitante más longevo del Planeta Tierra. Y a pesar de su avanzada edad presenta un aspecto envidiable, sin achaques de ningún tipo.

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Drago Milenario (Icod de los Vinos, España): El drago de Icod de los Vinos probablemente no sea milenario, a pesar de su nombre, pero no por ello deja de ser valioso. Su edad es indeterminada, aunque se le suponen al menos quinientos años, y con sus dieciocho metros de altura y un perímetro de veinte metros en la base del tronco es el de mejor porte que existe en el mundo. Además del más longevo, por supuesto.

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Ficus benjamina de Peradeniya (Distrito de Kandy, Sri Lanka): Con una edad superior a los ciento cincuenta años y una copa que cubre una superficie de dos mil quinientos metros cuadrados, este ejemplar de Ficus benjamina es el árbol más emblemático del Jardín Botánico de Peradeniya. Su figura impresiona tanto que parece hacer realidad el dicho de que a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.

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Palmera Imperial (Elche, España): Este magnífico ejemplar de Phoenix dactylifera es el más carismático entre los más de doscientos mil árboles que componen el palmeral de Elche. Su principal característica es el hecho de dividirse en siete brazos a partir de un tronco común. Se calcula que tiene unos ciento ochenta años y en el pasado fue visitado incluso por la famosa emperatriz austriaca conocida como Sissi.

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Sicomoro de Zaqueo (Jericó, Palestina): Al menos dos milenios contemplan a este ejemplar de sicomoro que aparece mencionado incluso en la Biblia. De acuerdo con la tradición cristiana, a sus ramas trepó Zaqueo para vislumbrar a Jesucristo durante su paso por la ciudad de Jericó. Leyenda o no, estudios actuales han confirmado que su edad es más o menos ésa.

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Baobab de Manyara (Región de Manyara, Tanzania): Posiblemente el baobab sea el árbol más característico del continente africano. El género que engloba a las diferentes especies que existen se denomina Adansonia y, contrariamente a lo que se cree, no es endémico de África, puesto que la especie denominada Adansonia gregorii es exclusiva de Australia. Cerca del tanzano lago Manyara pueden verse algunos ejemplares considerados milenarios, como uno situado junto a la pista que baja hacia el lago.

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Peral de La Hiruela (La Hiruela, España): Los perales no suelen ser árboles excesivamente longevos, por lo que el que se eleva desde hace unos doscientos años en la población madrileña de La Hiruela es un caso excepcional. Sus frutos tienen bien merecida fama en la comarca desde hace décadas e incluso existe una jota en el cancionero local donde se alaba su calidad.

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Árbol de la vida (Gobernación del Sur, Bahréin): Se conoce como árbol de la vida a un ejemplar de Prosopis cineraria que crece rodeado por la arena del desierto en el estado de Bahréin. Se le calculan unos cuatrocientos años de vida y está considerado como milagroso, puesto que no existe ningún otro árbol en dos kilómetros a la redonda, ni fuente de agua conocida que pueda alimentarlo.

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Ficus macrophylla de Santo Domingo (Murcia, España): En la murciana plaza de Santo Domingo, un extraordinario ejemplar de Ficus macrophylla levanta sus ramas al cielo. O al menos lo hacía, hasta que hace un par de años parte de ellas cayeran con estrépito sobre el pavimento, afortunadamente sin tener que lamentar daños personales. Fue plantado en el siglo XIX, por lo que supera los ciento veinte años de vida, y está en un proceso de regeneración que le permita sobrevivir algunos siglos más.

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Sri Maha Bodhi (Distrito de Anuradhapura, Sri Lanka): Considerado el árbol plantado por el ser humano más antiguo que se conoce, Sri Maha Bodhi es también el árbol más sagrado del mundo. Esqueje del ejemplar de Ficus religiosa bajo el que Buda alcanzó la iluminación, fue trasladado a Sri Lanka en el siglo III a.C., con lo que supera con holgura los dos mil doscientos años de vida. La veneración que sienten los ceilaneses por él es inquebrantable.

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Eucaliptus de La Huerta (Municipio de Valencia de Alcántara, España): No veneración, pero sí una entrañable cercanía es lo que siento yo por un par de ejemplares de eucaliptus junto a los que pasé buena parte de mi infancia. A pesar de ser árboles alóctonos en esta zona del oeste español, han conseguido alcanzar un majestuoso porte que los lleva a elevarse unos treinta metros sobre el suelo. Sobrepasada la generación de mis abuelos, casi la de mis padres y muy pronto la mía propia, estos venerables ancianos seguirán allí para dar la bienvenida a mis hijos y sus descendientes. Espero que éstos estén a su altura.

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