Fiordo de Ilulissat (por Alberto Campa)

Icebergs, muchos icebergs, los que navegaran por la Bahía de Baffin o el Mar del Labrador, y los que se desprenden del gran glaciar que llega hasta la misma Bahía de Disko y que hacen que poder llegar hasta este ciudad de Ilulissat sea una de las mejores cosas que hacer y ver en cualquier viaje a Groenlandia.

Todo un planeado viaje, en territorio muchas veces climatológicamente complicado, puede venirse abajo dependiendo de lo insistente o no que sea uno. Y es que como os comentaba ayer, tras varias anulaciones de vuelos por el mal tiempo, finalmente pude llegar hasta esta ciudad después de que, en el último minuto, detuvieran en pista un bimotor con carga y pasaje que iba a volar en la tarde desde Kangerlussuaq hasta la capital Nuuk.

Una vez llegado al aeropuerto de la capital aún quedaría presionar un poco más al supervisor de la Air Greenland para que al día siguiente aceptara darme plaza en el único vuelo que operaba en domingo a Ilulissat, pero sin tener que pagar los 500 euros que costaría.
A veces la suerte juega de tu parte e incluso la compañía, a parte de no cobrarme ese nuevo vuelo, me hospedó gratis esa noche en buen hotel de la capital, me dio tickets para taxis ida y vuelta, además de cena y desayuno incluidos. Una buscada suerte, ta que la mayoría de pasajeros se quedaron atrapados en el hub de la Air Greenland en la interior Kangerlussuaq durante dos jornadas completas, perdiendo sus planes y conexiones de esos días.

En la nueva mañana, con buen tiempo y ya aterrizado, estaba este viajero más contento que un ocho al poder llegar hasta esta Ilulissat. Como casi siempre hago, salí de los primeros del aeropuerto y me puse a hacer autostop. Enseguida un trabajador danés de la construcción me recogía para, tras ir charlando de sus ya diez años por estas gélidas tierras, dejarme cerca del inicio de la imponente ruta de trail del fiordo de hielo.
De esta ruta por la zona, donde ya hace casi 5.000 años lleva habiendo asentamientos de distintos pueblos inuits como el de Sermermiut junto al Icefjord, donde las vistas son tan espectaculares como sobrecogedoras, donde hay viejo cementerio panorámico y un moderno centro de exposición del hielo ártico y donde mires para donde mires te quedas embobado.

Por aquí dicen que en Ilulissat, la tercera ciudad en población de Greenland, con tantísimos trineos de nieve y tan necesarios en invierno, hay más perros que personas y, al volver de ver la rompiente de hielo del fiordo y su museo con fantásticas exposiciones, incluidas de realidad virtual, sobre el tan presente hielo en Groenlandia, tuve la oportunidad de acercarme también a fotografiar algunos de esos canes groenlandeses con sus crías, por supuesto intentando molestar lo menos posible su siempre merecido reposo.
