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Jorge Sánchez

Gonbad-e Qābus (por Jorge Sánchez)

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Llegué en autobús a Gonbad ya oscuro y pretendí dormir en un hotel cercano a la torre funeraria (Qābus), pero allí no había alojamiento, por lo que tras admirar la torre iluminada me dirigí al centro comercial a pasar la noche. Regresé por la mañana y pude entonces entrar en la torre comprando un billete por 200.000 riales, aunque, de hecho, desde fuera se aprecia mejor que desde dentro. El portero me explicó que esa torre, de 53 metros de altura, fue construida sobre un montículo con ladrillos a inicios del siglo XI y albergó el cadáver de un príncipe de una dinastía persa muy importante (la dinastía ziyárida).

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Viajé a ese lugar inspirado por un libro de un viajero inglés llamado Robert Byron, quien en su obra “Viaje a Oxiana” describe esa torre como una de las mayores maravillas de Persia. Yo no encontré esa torre tan significativa (Persépolis es mucho más impresionante, lo mismo que la ciudadela de Bam), pero sí que me sedujo su forma cilíndrica, asemejándose a un cohete. Con media hora tuve bastante; además de visitarla por dentro (no era nada especial, el interior estaba vacío) también la rodeé.

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Como el autobús hacia mi siguiente destino, Mashhad (para observar la festividad religiosa de Ashura), partiría al cabo de 4 horas, tuve tiempo esa mañana de acercarme, a apenas 2 kilómetros de distancia, a una mezquita muy importante junto a los restos de la segunda muralla más larga del planeta (tras la Gran Muralla de China). Se llamaba la Gran Muralla de Gorgan y se extendía desde el mar Caspio hasta las montañas al este del actual país de Irán; su objetivo era impedir el paso de enemigos del norte de Persia, como los hunos. Sin embargo, su estado era lamentable y no se podía comparar, ni de lejos, a la Gran Muralla china.

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