MunDandy

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Guam

American way of life

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Encontrar vuelos para algunas islas micronesias que queríamos visitar durante nuestro viaje al Pacífico Sur no fue tarea fácil. La mejor, y casi única, opción pasaba por volar con la aerolínea Continental Airlines, que opera en esta zona del Pacífico con base en la isla de Guam. La idea de entrar en territorio estadounidense no me parecía muy atractiva, sobre todo tras una anterior experiencia en el aeropuerto de Miami, cuando me hicieron pasar por una especie de detector de explosivos. Pero como las alternativas no eran muchas, no nos quedó otro remedio que aterrizar en el aeropuerto A.B. Won Pat de Guam. Allí mismo, una serie de carteles con leyendas del tipo estamos orgullosos de nuestros soldados o el lugar donde empieza la mañana de América, así como fotos de combatientes chamorros caídos en la guerra de Irak nos daban la bienvenida a un territorio donde el orgullo de ser americano queda patente.

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Guam es la isla más grande de Micronesia, a pesar de sus escasos quinientos cincuenta kilómetros cuadrados de superficie. Estuvo bajo dominación española durante más de trescientos años, hasta que tras la guerra de 1898 pasó a manos estadounidenses. Sus habitantes son conocidos como chamorros y hablan una lengua, de igual denominación, con evidentes influencias del castellano. La primera prueba la tuvimos al ir a recoger el equipaje en el aeropuerto, cuando hubimos de seguir una indicación que rezaba riklamasion maleta. Más tarde escuchamos expresiones del tipo buenas días, buenas noches, amigo, adiós o tranka, con el significado de puerta. Los números se dicen exactamente como en español, al igual que en tagalo, lengua con la que el chamorro posee muchas similitudes. El símbolo guameño es el carabao, una especie de búfalo de agua domesticado que forma parte de la cultura popular en su territorio.

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La mayor población de Guam es Tamuning, compuesta fundamentalmente por un conjunto de hoteles y tiendas situados en lo que anteriormente debió ser una bonita bahía. Si se pretende entrar mínimamente en contacto con la cultura chamorra hay que evitar a toda costa este lugar, de distribución muy similar a cualquier destino turístico occidental y con mucho cemento en su contorno. En sus inmediaciones, innumerables tiendas de lujo junto a restaurantes de cualquier condición. Y en las afueras, impresionantes, por lo monstruoso de su tamaño, centros comerciales bien conectados con el resto mediante autovías de varios carriles. Todo muy American way of life, en suma.

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Saliendo de uno de los muchos restaurantes de Tamuning le preguntamos a la camarera donde podíamos encontrar un taxi para dirigirnos a nuestro hotel, situado en una zona alejada. ‘Pregunten en la tienda de al lado, ahí les informan’, nos comentó. La tienda de al lado era un lugar donde se vendían y podían probarse armas de todo tipo, desde pequeñas pistolas hasta ametralladoras capaces de agujerear a un regimiento. Cuando entramos, nuestro hijo mayor quiso de inmediato hacerse una foto junto a semejante arsenal. Al preguntar si era posible sacar fotos, una dependienta pensó que pretendíamos que el niño efectuara algunos disparos con una enorme metralleta. Para nuestra sorpresa, no nos puso ninguna pega, debió parecerle normal que un niño de cuatro años se liara a pegar tiros a diestro y siniestro con aquella monstruosidad de arma automática. Nos fuimos de allí con cara de incredulidad.

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Al abandonar el territorio chamorro nos comunicaron que habíamos sido agraciados con un control de seguridad especial. ‘Horror’, pensé, ‘otra vez como en Miami’. En esta ocasión no nos fumigaron con una suerte de chorros de aire comprimido en busca de explosivos, tal y como me había sucedido en Florida. Se limitaron a medio desnudarnos, chequear todas nuestras pertenencias por si el escáner no había detectado la posible bomba oculta y cachearnos de arriba abajo concienzudamente. Incluido nuestro hijo pequeño, por supuesto. Debe parecerles habitual que los bebés de año y medio lleven armas bajo la ropa. En medio de la alegría por haber superado con nota el control especial, me asaltó un sentimiento de depresión al darme cuenta de que en las próximas semanas teníamos que volver a pasar por Guam un par de veces más.

2 COMENTARIOS

    • Ahora me hace gracia, pero cuando vi que permitían disparar sin problemas a un niño de cuatro años con aquel pedazo de metralleta casi entro en estado de shock. Un sitio curioso, Guam.

      Muchas gracias por tu comentario.

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