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India

Elefanta (por Jorge Sánchez)

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Es muy fácil visitar desde Mumbai (ciudad que cuando yo estuve se llamaba Bombay) la isla Elefanta. Desde mi hostal en Juhu Beach me desplacé al India Gate (Puerta de la India), que es el distintivo de Mumbai, y abordé allí un ferri que una hora más tarde me depositó en la isla Elefanta. Desde el puerto, tras desembarazarme de los muchachos que me ofrecían sus servicios como guías, caminé cuesta arriba hasta llegar al complejo de cuevas.

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Si soy sincero, tras haber visitado en días anteriores las impactantes cuevas de Ajanta y las de Ellora (dos patrimonios mundiales), las de la isla Elefanta no me parecieron nada del otro mundo. Sin embargo, estoy muy orgulloso de haberlas visitado. En mi opinión, las cuevas de isla Elefanta son como la hermana menor de las de Ajanta y Ellora. El conjunto consistía en cinco cuevas hindúes y varias estupas budistas. La inmensa mayoría de las estatuas estaban deformadas debido a que los portugueses practicaban sobre ellas su puntería con rifles en el siglo XVI. Fueron precisamente los portugueses quienes nombraron esa isla como Elefanta, debido a que vieron estatuas esculpidas en roca basáltica representando ese animal. Sin embargo, los indios, que conocen esa isla desde hace milenios, la llaman Gharapuri, que significa Ciudad de Cuevas. Me contaron que alrededor de mil personas moran en esa isla, pero no en el interior de las cuevas sino en casas normales.

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La cueva principal y de lejos la más interesante era la más grande y destacaba por un templo con una impresionante escultura de Shiva, llamada Trimurti, o de las tres caras; de hecho esa isla era más bien un santuario de culto a Shiva. Los relieves de esa cueva también eran sorprendentes y en el pasado (entre los siglos IX y XIII) estaban pintados con colores vistosos, fragmentos de los cuales aún se pueden distinguir.

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Las estupas budistas y un par de cuevas pequeñas no tenían tanto interés, sobre todo cuando una semana atrás había pasado un día entero visitando el complejo de Sanchi, en Madhya Pradesh, con su impactante estupa. No noté apenas turistas extranjeros, la inmensa mayoría eran indios. Todos teníamos cuidado con los monos, pues eran ladrones incorregibles y al menor descuido te robaban la gorra, o las gafas, o te arrancaban de las manos bolsas con comida. Después de recorrer todo el complejo durante unas 4 horas, regresé en un ferri al India Gate.

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