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12 jardines monumentales que estimo vitales

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El término jardín hace referencia a un espacio, generalmente de reducido tamaño, donde se cultivan diferentes especies vegetales atendiendo fundamentalmente al punto de vista estético. Este hecho diferencia a los jardines de los huertos, lugares donde las plantas que en ellos habitan suelen estar destinadas al consumo humano. Un jardín suele considerarse equivalente, por consiguiente, a un parque público o parque urbano, aunque hay ciertos matices diferenciadores como la mayor extensión de estos últimos y la existencia en ellos de amplias zonas de arbolado. Ambos simultanean de igual manera el mundo vegetal que los define con la presencia de diversos elementos arquitectónicos, entre los que hay que mencionar los pabellones, las fuentes o las estatuas.

Resulta difícil discernir el momento en el cual el ser humano comenzó a utilizar la naturaleza como motivo ornamental o estético, algo que ya sucedía en la antigüedad. Buena prueba de ello fueron los míticos Jardines Colgantes de Babilonia, al parecer diseñados durante el reinado de Nabucodonosor II en la ciudad homónima y cuyos restos se encuentran junto a la actual ciudad iraquí de al-Hillah. Desde entonces, la creación de jardines para disfrute de las personas ha sido una práctica cultural constante en la mayoría de las civilizaciones. En la actualidad, resultan un elemento imprescindible en las poblaciones y la jardinería ha llegado a convertirse en todo un arte.

Los jardines se pueden clasificar de diferentes maneras, dependiendo del tipo de plantas que alberguen, de su diseño particular o incluso de la forma en que están organizados. Ejemplos del primer tipo serían un jardín de cactus o una rosaleda; del segundo, un jardín japonés o un jardín tropical; y del tercero un jardín botánico o un jardín vertical. Como buenos amantes de la belleza que inspiran, hemos tenido ocasión de disfrutar de muchos de ellos y aquí os dejamos algunos de nuestros favoritos.

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Jardín de Eram (Shiraz, Irán): Los jardines persas poseían una merecedora fama de ser lugares paradisiacos. Tanto, que dieron lugar al término paraíso, que proviene del persa pairi-daeza, con el significado de espacio cerrado. Uno de los más renombrados es el jardín de Eram, situado en la ciudad de Shiraz y cuyo origen se sitúa en el siglo XI, aunque su versión actual data del siglo XVIII. De su relevancia da idea el hecho de estar declarado Patrimonio de la Humanidad junto a otros espacios similares.

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Jardines del Generalife (Granada, España): Si los jardines persas gozan de merecida fama, los islámicos no se quedan atrás. Uno de los más conocidos es el existente en el granadino palacio del Generalife, que responde a un modelo que surgió precisamente en la antigua Persia. Allí era conocido como char bagh, que significa algo así como jardín cuatripartito y divide al recinto, generalmente un patio rectangular, en cuatro partes idénticas, cada una de ellas sembrada con plantas características de una de las cuatro estaciones.

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Peradeniya Garden (Peradeniya, Sri Lanka): Localizado a pocos kilómetros de la ciudad de Kandy, el Real Jardín Botánico de Peradeniya fue originalmente diseñado en la segunda mitad del siglo XIV. Su configuración actual es de comienzos del siglo XIX, cuando los británicos trajeron hasta este lugar plantas procedentes del famoso jardín de Kew. En la actualidad cuenta con unas cuatro mil especies diferentes, entre las que destaca una amplia colección de orquídeas.

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Real Jardín Botánico (Madrid, España): No menos interesante es otro Real Jardín Botánico, concretamente el de Madrid. Fue creado en el siglo XVIII y actualmente incluye unas cinco mil quinientas especies de árboles y plantas. Este dato da idea de su increíble biodiversidad, pues en toda la Península Ibérica existen unas siete mil especies diferentes. Resulta muy llamativa su completa colección de bonsáis, donada por el antiguo presidente del gobierno español Felipe González.

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Jardín de Fin (Kashan, Irán): También declarado Patrimonio de la Humanidad, como el jardín de Eram al que anteriormente hacíamos mención, Bagh-e Fin fue encargado por Abbas I a finales del siglo XVI. Ocupa una superficie de unas dos hectáreas y media, siendo notoria la abundancia de agua en todo el espacio. A la manera habitual en los jardines persas, incluye un histórico pabellón, localmente conocido como kushak, cuya imagen se refleja en un estanque cercano.

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Jardín de la Quinta da Regaleira (Sintra, Portugal): Situada en la población lusa de Sintra, Quinta da Regaleira es un palacio modernista obra de un acaudalado hombre de negocios portugués con merecida fama de visionario. Buena parte del espacio de la propiedad está ocupado por un exuberante jardín, donde árboles y plantas se disponen de manera no aleatoria, constituyendo una auténtica caja de sorpresas para el visitante.

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Romney Manor (Basseterre, Saint Kitts y Nevis): Antigua plantación localizada en la isla de Saint Kitts, los orígenes de Romney Manor se remontan al menos hasta el siglo XVII. Fue entonces cuando adquirió su denominación actual, al pasar a manos de un aristócrtata cuyo título era el de conde de Romney. Desde hace unas décadas, alberga un exuberante jardín tropical cuyo elemento más representativo es un gigantesco tamarindo de casi cuatrocientos años de existencia y que está considerado uno de los árboles más antiguos del Caribe.

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Jardín japonés (Montecarlo, Mónaco): Hace tiempo que la tradición de construir jardines japoneses sobrepasó las fronteras del país del sol naciente para extenderse por todo el mundo. Como buena aficionada al minimalismo nipón, la Princesa Grace encargó el diseño de uno de ellos al paisajista Yasuo Beppu, que produjo una pequeña joya de reducidas dimensiones en el distrito de Montecarlo. Dispone hasta de un diminuto karesansui, muy acorde a los principios zen que rigen este espacio.

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Biwon (Seúl, Corea del Sur): Literalmente jardín secreto, Biwon fue la denominación otorgada a un espacio que anteriormente era conocido como Huwon, es decir, jardín trasero. Adornado por una naturaleza espectacular, este lugar incluye diversos pabellones, estanques y fuentes, que aportan al conjunto un aspecto relajante a la vez que paradisiaco. Al parecer, la mejor época para visitarlo es el otoño, cuando los expertos consideran que el foliaje se encuentra en su punto álgido.

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Jardín vertical del CaixaForum (Madrid, España): Denominado también pared de cultivo, un jardín vertical no es más que un muro sobre el que crecen distintas especies vegetales en paralelo al suelo gracias a un particular sistema de riego. El existente en el centro cultural CaixaForum de Madrid fue inaugurado en 2007 y se extiende sobre una superficie de unos quinientos metros cuadrados. Alcanza los veinticinco metros de altura y en él viven unas veinte mil plantas pertenecientes a más de ciento veinte especies diferentes.

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Karesansui del templo budista Ryōan-ji (Kioto, Japón): Si los jardines verticales son atípicos, más aún lo son los denominados karesansui o jardines zen. Comprenden un espacio generalmente reducido sobre el que se extiende una fina capa de arena y grava. En ella se esparcen asimétricamente diferentes rocas, alrededor de las cuales se permite crecer la hierba en una superficie delimitada. El ejemplo más conocido de este particular estilo de jardín se encuentra en la ciudad japonesa de Kioto, dentro del templo Ryōan-ji. Fue diseñado a finales del siglo XV y consta de quince rocas estratégicamente distribuidas sobre una superficie arenosa, que invitan a la meditación a quien las contempla.

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Jardines de Versalles (Versalles, Francia): Para terminar, pasamos de la asimetría zen a la simetría característica de los jardines franceses. Nacieron éstos durante el Renacimiento, inspirados por sus vecinos italianos, y alcanzaron su plenitud en el Barroco, cuando todo palacio que se preciara disponía de un terreno dedicado a ellos a su alrededor. Los jardines de Versalles fueron idea de Luis XIV, que trató de adaptar una naturaleza dispersa a sus ideas estéticas en este lugar relativamente cercano a París. Y lo consiguió ubicándolos simétricamente respecto a un eje longitudinal que seguía el trayecto del sol en su recorrido diario. Quedaba así la naturaleza domesticada y a disposición del Rey Sol, que ya no era el astro solar sino más bien el propio monarca.

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