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16 islas mediterráneas de dilatado pasado

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Hace apenas un mes concluyó la cuadragésimo quinta sesión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, en la que se aprobaron cuarenta y dos nuevas incorporaciones a la Lista del Patrimonio Mundial. Sin ánimo de menoscabar ninguna de ellas, la que me pareció más justa de todas fue la que presentaba como candidata a la cultura talayótica de Menorca. Una fascinante civilización dejó abundantes trazas de su paso por la isla menorquina desde el segundo milenio a.C. hasta que fue engullida por los romanos en los albores de nuestra era. El reconocimiento como Patrimonio Mundial de algunos de los cerca de mil seiscientos yacimientos arqueológicos que retrotraen a esta cultura en Menorca me parece más que merecido, por consiguiente.

Y es que, sin intención alguna de menospreciar las numerosas e interesantísimas culturas surgidas a lo largo y ancho del mundo, el Mar Mediterráneo me parece la cuna de la civilización. No creo que haya nadie que albergue dudas sobre el hecho de que el Mediterráneo ha sido clave para el desarrollo de Occidente, tal y como entendemos este concepto en la actualidad. Fenicios, helenos y romanos navegaron sus aguas y extendieron su visión de la vida a lo largo de sus orillas. Antes que ellos, las civilizaciones egipcia y minoica ya habían alcanzado un alto grado de desarrollo, tanto cultural como económico, que fue la fuente de la que bebieron los anteriormente mencionados. Numerosas leyendas y hechos históricos acaecieron en sus costas y algunas de las aproximadamente ocho mil setecientas cincuenta islas que alberga el Mare Nostrum.

Como podéis imaginar, de islas mediterráneas es precisamente de lo que vamos a hablar aquí. Y no lo haremos desde un punto de vista pictórico o paisajístico, sino haciendo hincapié en acontecimientos históricos destacados que tuvieron lugar en ellas. Que, junto a otros muchos, prueban definitivamente que el ombligo del mundo se localiza en el Mediterráneo.

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Mallorca (España): La cultura talayótica no se ciñó exclusivamente a Menorca, sino que posiblemente tuvo su origen en la vecina Mallorca. Se tienen diversas evidencias de ella desde mediados del segundo milenio a.C., pero se considera que la isla mallorquina estuvo poblada desde mucho antes. Al menos desde el Neolítico, puesto que aproximadamente en el tres mil quinientos a.C. están datados los restos arqueológicos más antiguos allí encontrados.

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Rodas (Grecia): Dorios y atenienses fueron los primeros pobladores de Rodas, que más adelante fue conquistada por los persas y, posteriormente, por Alejandro Magno. En la segunda mitad del primer milenio a.C. la isla alcanzó una enorme relevancia, que se puso de manifiesto con la construcción del Coloso de Rodas, una de las siete maravillas de la antigüedad. Poco después un terremoto la afectó grandemente, destruyendo la fabulosa estatua, y desde entonces Rodas no volvió a ser la misma.

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Chipre (Chipre): Denominada la isla de Afrodita, por creerse que en ella nació esta diosa mitológica, Chipre sirvió como escenario para el desarrollo de diversas culturas en el pasado. Entre ellas la micénica, la fenicia, por supuesto la helena y hasta la egipcia, ya que fue conquistada por este pueblo hacia la mitad del segundo milenio a.C. Más adelante llegaron los romanos, quienes dejaron su huella en diversos lugares del sur de la isla, entre los que sobresale el conocido como Kato Pafos.

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Hydra (Grecia): Bastante menos renombrada que las anteriores, Hydra no tuvo tanta relevancia histórica como aquéllas, probablemente debido a su carencia de agua. Aun así, fue habitada ya en el tercer milenio a.C. y probablemente sirvió como base naval en época micénica. Tras pasar un largo tiempo despoblada, empezó a darse a conocer como potencia naviera en el siglo XVII. En el siglo XIX contaba con más de ciento cincuenta naves y diez mil marinos que jugaron un papel fundamental en la independencia griega.

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Malta (Malta): Llegados a Malta hacia el sexto milenio a.C., los primeros pobladores de la isla dejaron numerosas trazas de su paso por ella. Destaca especialmente el valioso Hipogeo de Ħal Saflieni, el único templo prehistórico subterráneo que existe. Más adelante pasaron por allí fenicios, cartagineses, romanos y bizantinos, hasta ser conquistada por los árabes, que se mantuvieron en ella doscientos años. Luego perteneció a la Corona de Aragón, para, más tarde, ser cedida por Carlos I de España a la Orden de San Juan de Jerusalén, que influyó grandemente en el rumbo que tomó la isla posteriormente.

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Égina (Grecia): Fuertemente imbricada con la mitología helena, no en vano tomó su nombre de una ninfa amante de Zeus, Égina compitió con Atenas en su época de esplendor. De entonces ha llegado hasta nuestros días el extraordinario Templo de Aphaia, el único dedicado al culto de la diosa homónima que se conoce. Data del siglo V a.C. y sus columnas dóricas se elevan hasta una altura superior a los cinco metros, lo que da idea de su grandiosidad.

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Ibiza (España): Aunque conformen un archipiélago con Mallorca y Menorca, Ibiza y Formentera no tienen relación alguna con ellas históricamente hablando. La isla ibicenca fue llamada Pitiusa por los griegos debido a los muchos pinos que encontraron al arribar a su costa. También pasaron por ella fenicios y cartagineses, llegando a ser una parada importante en las rutas comerciales del Mediterráneo. Romanos, bizantinos y árabes les siguieron, hasta que pasó a formar parte de la Corona de Aragón en el siglo XIII.

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Póros (Grecia): Muy poco conocida fuera de Grecia, Póros es una auténtica joya escondida. Poblada desde la Edad del Bronce, alcanzó relevancia durante el periodo micénico. De esa época se han localizado restos de un templo dedicado a Poseidón. Más tarde fue anexionada por los persas y por los egipcios durante el periodo ptolemaico. Hasta ella llegó Demóstenes huyendo de la persecución ordenada por Antípatro debido a sus ideas contrarias a Macedonia y allí se suicidó antes de ser capturado.

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Capri (Italia): Si Póros se relaciona con la figura de Demóstenes, Capri lo hace con la de Augusto, quien durante cuarenta años pasó sus vacaciones en una villa que se hizo construir en la isla. También la frecuentó Tiberio, que disponía en ella de una serie de villas donde daba rienda suelta a sus arrebatos sexuales, en ocasiones acompañado por su sobrino-nieto Calígula. Capri ya había sido poblada durante el Neolítico y la Edad del Bronce, como lo atestiguan diversos restos localizados en su territorio.

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Trogir (Croacia): Nada menos que mil doscientas cuarenta y cuatro islas se considera que existen cerca de la costa croata. Una de las más relevantes históricamente hablando es la isla de Trogir, a partir de la cual se desarrolló la localidad homónima y en la que se sitúa su centro histórico en la actualidad. Anteriormente, ya había estado habitada por helenos y romanos además. No está nada mal para un islote de apenas un kilómetro cuadrado de superficie.

Samos
Crédito: Alain Le Guen

Samos (Grecia): Regida por Polícrates en el siglo VI a.C., Samos alcanzó una gran relevancia en esa época. Fue entonces cuando se construyó la tercera versión del gigantesco Heraion, el más grande de los templos helenísticos. Dos siglos más tarde fue el lugar de nacimiento de Aristarco, primer científico que propuso el modelo heliocéntrico del Sistema Solar, que fue posteriormente copiado por Copérnico. También era nativo de Samos Pitágoras, quien curiosamente nació el mismo año que el mencionado Polícrates.

Tabarca
Crédito: santapolero

Tabarca (España): Apenas la tercera parte de un kilómetro cuadrado de superficie tiene Tabarca, isla localizada frente a la costa alicantina. Suficiente para poder presumir de un atrayente pasado, no en vano ya era conocida por helenos y romanos, quienes la denominaron Planaria e incluso llegaron a habitarla. Tras vanos intentos en época medieval, durante el siglo XVIII fue fortificada y se estableció en ella una población que se ha mantenido hasta nuestros días.

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Kos (Grecia): Integrante del archipiélago del Dodecaneso, Kos fue inicialmente poblada en la Edad del Bronce. Más adelante fue colonizada por dorios, atenienses, persas, de nuevo atenienses y espartanos, hasta alcanzar un estatus de independencia que fue incluso respetado por los romanos. Numerosos vestigios se conservan de aquellos tiempos, entre los que sobresalen el Ágora y el Asclepeion, templo dedicado a Asclepio, dios de la Medicina. De Kos era nativo Hipócrates, considerado el padre de esta ciencia.

Gozo
Crédito: Ruben Holthuijsen

Gozo (Malta): Siempre a la sombra de su vecina Malta, el pasado de Gozo es similar al de su hermana mayor. Al igual que ella fue poblada durante el Neolítico, época de la que quedan evidencias tan importantes como los templos de Ġgantija. Se establecieron allí fenicios, cartagineses y romanos, pasando más tarde a manos árabes y, posteriormente, a la Corona de Aragón. Tras ser cedida por Carlos I a la Orden de San Juan de Jerusalén, fue invadida por los otomanos, quienes secuestraron o asesinaron a la mayor parte de su población, por lo que hubo de ser repoblada con colonos procedentes de Malta.

Creta
Crédito: Jean-Marc Astesana

Creta (Grecia): Quinta isla más grande del Mediterráneo y primera de Grecia, Creta presume de un fascinante pasado. En su territorio se desarrolló la cultura minoica, que alcanzó su punto culminante durante el segundo milenio a.C. Tras el declive de ésta llegaron los macedonios, liderados por Alejandro Magno, a los que siguieron romanos, bizantinos, árabes, venecianos, otomanos y egipcios. Todas estas civilizaciones dejaron su huella en la isla, destacando los palacios minoicos de Knossos y Festo.

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Menorca (España): Y, para terminar, nada mejor que hablar sobre la isla que dio origen a esta selección. Poblada desde la Edad del Bronce por la cultura talayótica, contiene una casi interminable lista de sitios arqueológicos en sus aproximados setecientos kilómetros cuadrados. Está históricamente emparentada con Mallorca y, probablemente, Cerdeña y Malta, pero mantiene elementos identitarios como las taulas, que solo existen en ella. Numerosas civilizaciones siguieron a continuación, pero ninguna dejó una huella tan marcada como la de aquellos indígenas cuyo origen es todavía desconocido.

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