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10 parques urbanos donde aún se respira sano

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La Revolución Industrial estaba muy bien y había proporcionado trabajo y perspectiva de futuro al ser humano. Pero, muy pronto, éste comenzó a echar de menos el contacto con aquella naturaleza a la que, paradójicamente, le había dado la espalda. No era para menos. Las poblaciones habían crecido una monstruosidad convirtiéndose en grandes urbes; la polución creada por las grandes industrias, que habían comenzado a surgir como setas, era asfixiante; el estrés, cuando aún no se había inventado el término, empezaba a causar estragos; la vida moderna, en fin, tenía sus inconvenientes aparte de múltiples ventajas.

Resulta difícil discriminar cual fue el primer parque urbano en ser creado, puesto que muchos de ellos tuvieron una transición suave desde manos privadas a bien público. Algunos estudiosos del tema consideran el murciano jardín de Floridablanca como uno de los primeros, al menos en España. También suelen ser mencionados el denominado Városliget, en Budapest, Prince’s Park en Liverpool o Peel Park en Salford. Aunque mucho antes que todos ellos, concretamente en la segunda mitad del siglo XVI, se abrió al público la sevillana Alameda de Hércules, considerada por los puristas un jardín y no un parque.

La línea que separa un parque público de un jardín urbano suele ser tan delgada que frecuentemente se difumina. En nuestra inexperta y seguramente equivocada opinión, en los jardines predominan las plantas mientras que en los parques lo hacen los árboles. Por consiguiente, de la misma manera que listamos nuestros jardines públicos favoritos en este post, procedemos a hacer lo propio con los parques urbanos que más nos han impresionado. Respirad hondo y a por ellos.

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Regent’s Park (Londres, Reino Unido): Mucho menos visitado que el famoso Hyde Park, Regent’s Park mantiene todo su encanto desde que fue abierto al público en la primera mitad del siglo XIX. Especialmente en la zona del lago y los riachuelos adyacentes, donde se dan cita multitud de aves acuáticas que ejercen sus actividades cotidianas sin que nadie las moleste. Además de una considerable vegetación arbórea, sus dos kilómetros cuadrados de superficie albergan jardines como los famosos Queen Mary’s Gardens, así como London Zoo, el parque zoológico más antiguo del mundo.

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Jardín de Floridablanca (Murcia, España): Creado en la segunda mitad del siglo XVIII, aunque rediseñado a mediados del siglo XIX, el jardín de Floridablanca es uno de los parques urbanos más antiguos de España, si no el que más. Lo preside una estatua del conde de Floridablanca, ciudadano local que llegó a ser ministro en diversas ocasiones en la época. Entre sus habitantes destacan por su porte alguna jacaranda centenaria y, especialmente, una docena de magníficos ejemplares de ficus macrophylla, que fueron plantados en este lugar a finales del siglo XIX.

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Nara Kōen (Nara, Japón): Considerado sitio de belleza escénica por el Ministerio de Cultura japonés, Nara Kōen fue creado a finales del siglo XIX y es uno de los parques urbanos más antiguos de Japón. Tiene una superficie aproximada de cinco kilómetros cuadrados y, además de una exuberante vegetación, alberga diversos puntos de interés, como el Museo Nacional de Nara o el templo Tōdai-ji. Sin embargo, su principal rasgo distintivo son los ciervos sika, que en número superior al millar vagan libremente por el entorno.

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Parque de la Florida (Vitoria, España): De influencia francesa debido al uso que se hace de la rocalla, el vitoriano parque de la Florida surgió en las primeras décadas del siglo XIX alrededor de un kiosco de música. Cuenta con cerca de un centenar de especies de árboles, muchos de ellos centenarios, que superan las doscientas si añadimos los arbustos y otras variedades de plantas. Destacan también los bancos de indudable estilo gaudiniano, que acrecientan la imagen romántica que este espacio verde ofrece al visitante.

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Parque Cișmigiu (Bucarest, Rumanía): Entre las numerosas zonas verdes existentes en la capital rumana, quizás la más destacable sea el parque Cișmigiu. Localizado en la zona centro de la ciudad, fue diseñado a mediados del siglo XIX sobre lo que anteriormente había sido un lago. Curiosamente, su denominación proviene del turco y significa algo así como el encargado de las fuentes. El agua resulta un factor predominante en este lugar, puesto que además de un lago más pequeño que el original, existen diversos canales, manantiales y fuentes por todo el entorno. Destaca también la denominada Rondul Român, especie de rotonda que congrega los bustos de doce importantes escritores rumanos.

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Paseo de Cánovas (Cáceres, España): Esta antigua alameda cacereña debe su nombre a Antonio Cánovas del Castillo, a la sazón presidente del Consejo de Ministros de España cuando fue diseñada. Ocurría esto a finales del siglo XIX y la intención era unir el centro de la ciudad con los nuevos barrios periféricos que se estaban edificando. A pesar de sus reducidas dimensiones, supone un cierto respiro en una población no demasiado abundante en zonas verdes, al menos en su zona central. Además de varias fuentes y estatuas, destaca un kiosco de música de la época de construcción del parque.

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Parque Frogner (Oslo, Noruega): Con su medio kilómetro cuadrado de extensión, el parque Frogner es el más grande de la capital noruega. Sus inicios se remontan a mediados del siglo XVIII, cuando formaba parte de una finca llamada Frogner Hovedgård. A finales del siglo XIX, el ayuntamiento de Oslo adquirió el terreno y lo amplió para convertirlo en un parque público. Durante la primera mitad del siglo XX se expusieron en su interior numerosas obras del escultor local Gustav Vigeland, dando como resultado el incorrectamente conocido como Parque Vigeland, su principal característica en la actualidad.

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Parque Gasset (Ciudad Real, España): Los orígenes de este parque se sitúan en la segunda década del siglo XX, cuando fue diseñado en un terreno entonces a las afueras de Ciudad Real. Aunque su tamaño no es excesivo, contiene un buen número de especies, la mayoría de ellas aclimatadas a esta zona manchega. Su ornamentación es abundante y entre sus elementos más destacados hay que mencionar la fuente de La Talaverana, realizada con cerámica procedente de Talavera de la Reina, y la cruz de los Casados, obra del siglo XV aunque posteriormente reconstruida.

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Yoyogi Kōen (Tokio, Japón): Seguramente, el parque más grande, visitado y conocido de Tokio sea Ueno Kōen, pero Yoyogi Kōen no se queda demasiado atrás. Este lugar fue utilizado con fines militares hasta la Segunda Guerra Mundial y más tarde sirvió como residencia de militares estadounidenses e incluso como villa olímpica. Su función como parque público es bastante moderna, por consiguiente, puesto que comenzó a funcionar como tal hace apenas medio siglo. En su recinto destaca el enorme torii en madera de cedro que da acceso al adyacente santuario Meiji.

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Parque del Retiro (Madrid, España): Y, para terminar, lo hacemos con el que posiblemente sea el parque público más carismático de Madrid y quizás de toda España. El parque del Buen Retiro comenzó a ser utilizado como parque urbano en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el monarca Carlos III permitió el acceso al recinto a los ciudadanos madrileños. Tiene una superficie aproximada de algo más de un kilómetro cuadrado y a su interior se accede a través de diecisiete entradas, dotadas la mayoría de ellas con puertas monumentales. Fuentes, estatuas, jardines, paseos, estanques, rías e incluso algún que otro palacio se distribuyen el espacio con cierta uniformidad. Por supuesto, también hay árboles, buena parte de ellos pertenecientes a la especie castaño de Indias, de la que existen cerca de siete mil ejemplares cuyos frutos dan alimento a las ardillas que viven en el parque.

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